domingo, 24 de junio de 2012

El estado de excepción, Columba, las políticas y Oesterheld.

Hace un buen tiempo, en una charla Juan Sasturain hacia notar que Oesterheld no fue desaparecido por sus historietas sino por ser parte de Montoneros. La política vertida en sus últimas producciones, “La guerra de los Antartes” la segunda versión y la segunda parte del Eternauta, no fue el argumento del régimen a la hora de pensarlo a Oesterheld como enemigo. El régimen, sencillamente, no leía historietas. Eso puede explicar porque Oesterheld pudo publicar hasta sus últimos días, incluso en la clandestinidad. Y las editoriales que lo publicaron (Skorpio Y Columba) no tuvieron problemas con el gobierno de facto. Resulta ahora evidente que la historieta argentina, incluso cuando formo parte de lo masivo, jamás integró los dispositivos de propaganda como si paso con la historieta norteamericana. Eso podría explicar porque la política nunca se preocupo por la industria de historieta. Si utilizo sus recursos para defender algunos medios masivos de comunicación. La ley 25.750 de “preservación bienes y patrimonios culturales” también llamada ley clarín, se promulgo en junio de 2003, cuando la mayoría de los bienes y patrimonios culturales ya se habían perdido pero el multimedio argentino estaba en la frontera del cram dawn. El carácter puramente marginal de la historieta aun dentro de su época de masividad es algo que no debemos perder de vista. Y a este punto quiero agregar algo más, y son las contradicciones que a la disputa simbólica imponen las limitaciones políticas. Contradiciones que implican ciertos limites no a la creación artística sino a la política editorial. ¿se podía promocionar la llegada de un autor famoso a una editorial? Y mas aún ¿se podía promocionar esa llegada si ese autor tenia, además, ideas incomodas para ese momento político? En otras palabras, ¿Editorial Columba podía haber aprovechado la enorme carga simbólica de haber incorporado a sus filas a Héctor G. Oesterheld en la década del 70? Si Columba hubiese sido solo una editorial de derecha (como nos hemos acostumbrado a creer) jamás lo habría contratado. Y acá aparece otro punto interesante. Algo de lo que ya he escrito en un post anterior, el estado de excepción. Para 1972, y tal vez antes también, Oesterheld ya era el maestro, máximo referente de la historieta argentina. Y su derrotero como autor dentro de las industrias culturales escapa a las visiones de las constricciones del mercado. Oesterheld tenía plena libertad artística. Por ser dueño del medio de producción primero, por haber inaugurado la historieta argentina después. Su transito artístico en la industria cultural es un transito de excepción. Y en palabras de Armando Fernández “Columba lo incorpora por que era un maestro”.









Las primeras colaboraciones de Oesterheld en Columba fueron en 1957. Pero en 1972 “Realizara docenas de Unitarios (en su mayoría bélicos) retomara personajes (como Kabul, tres por la ley o Argón) y creara otros cuantos (Roland el Corsario, Brigada Madeleine, Haakon y Vikins)” (Accorsi, D. En “lo Mejor de Oesterheld” 2001. Editorial Columba). Sobre esta segunda etapa cuenta Armando Fernández una historia interesante: “Oesterheld tomo tres series mías. (…) Un día me llama Presa por teléfono y me dice ¿Armando, puede venir?” “si si, ¿Qué necesita?” “no, no-me dice- es algo que queremos hablar con usted, ¿puede venir ahora?” “si, como no” Yo tenia un taller de marcos, tuve 30 años un taller de marcos para cuadros en Alsina y Tacuari. Entonces agarre, me tome el colectivo y fui a ver que pasaba. Llego y me presentan a un señor. Me dicen “el Señor Oesterheld” yo me quede duro, porque yo leía Bull Rocket y el Sargento Kirk desde los 8 años. Era como si vos sos fanático de Maradona y te dicen “vení que te voy a presentar a un amigo” y viene Maradona. Me quede sin palabras, realmente (…) y dice “bueno, acá llego el maestro Oesterheld (…) no tiene un plan fijo…” entre paréntesis le dieron una pequeña oficina, una maquina de escribir ahí mismo, en Columba. “Y él ha visto el material de la revista y eligió tres personajes para poder continuarlos. Pero como usted es el autor, queremos saber si usted los quiere ceder”. (…) fue la única vez que lo vi.” (Entrevista propia 26/5/2012)





Oesterheld se tuvo que adaptar a Columba, perderse en sus páginas, en el sistema de seudónimos.Un modo de producción en plena tensión de generar autores y negarlos en el mismo movimiento. Pero el modo de incorporación. La opción de elegir que hacer “ha visto el material de la revista y ha elegido”, tener una oficina, trabajar “sin un plan fijo” contradice un poco toda explicación disciplinaria sobre el autor. Oesterheld no era uno más en Columba. Por qué Columba no reflejo en sus páginas ese respeto y admiración es algo que debemos indagar mejor. ¿Por qué no lo hizo dirigir una revista? ¿Sabían los dueños de la editorial que Presa había contratado a Oesterheld? ¿Podía Presa hacer mucho ruido con el enorme caudal simbólico del nuevo e ilustre empleado? Una respuesta fácil seria decir que la gente de Columba no entendía nada y listo. Pero no se puede dominar el mercado de las historietas sin entenderlo en absoluto. La explicación sobre la poca capacidad de los directivos de la editorial para entender el negocio de la cultura entra en crisis cuando empezamos a descubrir mínimamente ciertos aspectos de la vida editorial. Por ejemplo, en un episodio de Continuara (el programa de Sasturain en Encentro) se cuenta como Presa tuvo un rol decisivo en la creación de series como Savarese. Presa sabia muy bien lo que estaba haciendo, tenia una intuición sobre lo masivo y lo popular como pocos editores de la época y de la actualidad también. Y la pregunta mas importante tiene que ver con la política, ese lugar incomodo donde las posturas de Oesterheld comienzan a definirse hacia el rechazó al régimen, podía la editorial en esa circunstancia promocionar discursivamente la incorporación del autor en sus filas. ¿Convenía hacerlo? Un carácter casi de ayuda humanitaria parece enmascarar el acontecimiento “Oesterheld estaba muy mal, porque había perdido Hora Cero, había perdido todo”; durante un breve lapso de tiempo, Columba, que ya contaba en sus filas con Robin Wood, había sumado a Oesterheld. Entonces tuvo en sus revistas a los dos guionistas más representativos y populares de la historieta argentina. No es poco.

7 comentarios:

José A. García dijo...

No es poco, es cierto, pero tampoco los aprovecharon, por lo menos a HGO, como podían haberlo hecho.

Hizo cosas si, pero no de las más brillantes y/o recordadas, esas se las quedaba para él o las hizo en su editorial.

Un desastre, tanto la dictadura como lo que fue Columba y so política de reedición constante de historias mediocres e incoherentes.

Saludos

J.

Ricardo De Luca dijo...

hay que tener en cuenta que tampoco HGO estaba pasando por un buen momento, ni anímico ni creativo. Venia del fracaso de Frontera con todo lo que eso implica. Y Columba siempre tuvo un ritmo distinto, a veces a contrapelo de las modas, pero siendo extremadamente masiva. Y la política de reedicion constante es la antesala de la quiebra. No se si podía hacer otra cosa en ese momento.
Gracias por leer Jose. Abrazo!

José A. García dijo...

No creo que el fracaso de Frontera haya sido directamente culpa de HGO sino de que a partir de ese momento la industria gráfica comenzó a transformarse y llegar a ser lo que es hoy, en la que 11 de cada 10 revistas que se publican tienen a una mina en bolas en la tapa porque de otra forma no se vende. Los cosas cambiaron muy rápido y Frontera no tuvo tiempo de adaptarse.

Y Columba nunca supo qué hacer con su éxito y masividad. Desperdició toda oportunidad que tuvo.

Saludos

J.

Ricardo De Luca dijo...

No se si justo en el 50 o 60 comenzó a re formularse la industria gráfica. Tampoco acá intento reflexionar sobre eso.Yo lo ubicaría un poco mas tarde tal vez, a principios de los 90, donde ademas se configuró un mapa de multimedios en toda américa latina (y el mundo también). Yo creo que ese es el escenario del ocaso de la historieta argentina.
Gracias por leer Jose. Abrazo.

José Massaroli dijo...

"Resulta ahora evidente que la historieta argentina, incluso cuando formo parte de lo masivo, jamás integró los dispositivos de propaganda como si paso con la historieta norteamericana."
Afirmar esto es desconocer las revistas de Columba, totalmente alineadas en sus argumentos con la visión capitalista, anticomunista, "occidental y cristiana". Basta con leer Dennis Martin o o las de guerra, donde "el bueno" podía llegar a ser un soldado alemán, pero jamás un ruso. Por supuesto, Oesterheld tenia el talento suficiente como para publicar allí sin entrar en el juego, pero tal vez por eso no le dieron la importancia que tenía.

Ricardo De Luca dijo...

Hola Jose! Que lujo encontrarlo leyendo estas cosas que escribo. Respecto a lo que observa creo que hay que distinguir dos cosas. Estar alineado, coincidir ideologicamente o incluso de manera mas profunda con ciertos patrones de valores o conductas afines a la derecha no es lo mismo que ser orgánico de la derecha. Y cuando digo lo de orgánico me refiero a que la propanganda es esencialmente orgánica. No mantiene con el poder una relación de correspondencia u afinidad sino de sujeción. Propaganda son las tapas de gente en la guerra de Malvinas, es Neustadt dirigiendo el pensamiento único, anunciando y defendiendo medidas económicas impopulares. Si queres, Lanata y 6,7,8 son orgánicos a distintos intereses. En ese juego, donde la propaganda otorga beneficios, Columba no participo. A esos dispositivos me refiero. Gracias por leer, maestro.
Abrazo.

José A. García dijo...

Ricardo: La industria gráfica comienza a transformarse desde los 60, con la Revolución Argentina de Onganía y la fama que comienzan a ganar las bedettes de las revistas.

En los 90 eclosionó y transformó en el monstruo que debemos soportar ahora, pero toda transformación lleva su tiempo de ensayo y error. Por algo existen tan pocas publicaciones periódicas (revistas o diarios) independientes que puedan hacerse un espacio en los kioscos...

Saludos

J.