domingo, 17 de junio de 2012

El territorio de lo masivo y la encrucijada de Columba

Imaginen que mañana desaparece el edificio más grande y más antiguo de Buenos Aires. Imaginen que al día siguiente no queda ni un rastro de su desaparición, o peor aun, de su pasada existencia. Imaginen que en su desaparición, también desaparece un buen número de personas que allí Vivian. Algunos que por casualidad no estaban en el edificio el día de la desaparición, se reacomodan con alguna dificultad y siguen su vidas recordando con nostalgia, el lugar donde alguna vez vivieron. Los otros, los que nunca entraron o a penas lo veían al pasar, no registran y ni extrañan aquello que de pronto, sin aviso: desapareció. Un enorme edificio se esfumo y la gente ahora camina por donde antes estaba sin preguntarse que había ahí, sin pensar que caminan por un suelo que antes era otra cosa. Simplemente siguen sus vidas sin pedir explicaciones, sin notar los cambios. Tal vez después de todo ese ejercicio de imaginación tengan una idea de lo las huellas que no dejo el fin de Editorial Columba hacia finales del 2000. La década del 90, su continuidad discursiva e ideológica con la dictadura, nos ha enseñado a no extrañar las cosas que desaparecen. A Recodar selectivamente. A reprimir, una y otra vez, lo popular en lo masivo. Ha inaugurado una nueva masividad, llena de exclusiones y plagada de intereses. La exclusión es tan absoluta que nos impide, incluso extrañar.




Esa argentina de ausencias y silencios no nos dejo ser testigos de la desaparición de la industria de historieta argentina. Tan sistemática es la fuerza del olvido selectivo que gran parte de los movimientos sociales de la argentina de los 90 se estructuró sobre una idea de memoria. Identidad y memoria. “Todo esta guardado en la memoria” escribió león Gieco, un poco sintetizando una época donde no solo había que luchar por el derecho a una vida mejor sino también por el derecho a la memoria. Recordar el pasado para entender el presente “la memoria despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir”. En otro extremo Ricardo Iorio cantaba en 1996 “uno mas, entre tantos soy, que olvidar no quiere los delirios del defacto”. La cultura popular, esa que rara vez transita los circuitos de lo masivo, detecto rápidamente el problema: Argentina olvida. La lucha también es por la memoria. Identidad y cultura. El olvido se compone también de represión. Se trata de reprimir las huellas de lo que se olvida. No solo desaparece el edificio, se reprime también su recuerdo. Se reprime una pregunta. Se reprime un porqué. Durante toda la década del 90 he visto en entrevistas a Trillo enfatizar cada vez que podía, que la argentina era una de las capitales mundiales de la historieta. Cosa bien sabida por el mundo y sobre todo en las otras capitales de la historieta. Menos por nosotros, que tenemos que explicarnos a nosotros mismos que había una historieta antes del Comic. Debemos recuperar nuestra memoria.


Intervenir en lo masivo.



¿Porque no dejo huellas Columba? Porqué cuando se fundió, ninguna otra editorial salió a la caza de los derechos de edición de Nippur, Dago, o cualquier otro personaje de probaba masividad. A buscar a las estrellas de la editorial para hacer negocios. Apenas un par de notas sobre la caída de COLUMBA salieron en Clarín, en Página o Perfil. Imprecisiones y nostalgia. Ninguna reflexión sobre autores que se quedaban sin trabajo, una producción cultural que dejaba de existir. Nada. Batman fue tapa de Ñ, Nippur Jamás. Alguna culpa debe tener Columba. Alguna cosa debió haber hecho mal. No consiguió que sus personajes, definitivamente populares intervinieran en los dispositivos de lo masivo. Trascendieran de las Páginas de Columba a las páginas de cualquier otro medio. La explicación a esto podría estar en las características empresariales de la editorial. Decía Ray Collins que Columba tenia unos Tics “tradicionales, vienen de un tipo que hizo ramón Columba primero y bueno se mantienen. No feudal y por un lado, mentalmente feudal (...) Quizás los desfasajes, los dislates son cosas de empresas familiares.” Una falta de reflexión sobre la historieta que la editorial producía y vendía, la ausencia de una reflexión en términos culturales imposibilito alternativas posibles e incluso una maximización del beneficio en épocas de esplendor. Son avatares editoriales, anécdotas de la empresa cultural, pero empresa al fin. Nuestro problema que en esos avatares estaba en juego la supervivencia misma de nuestra industria de historieta. Tal vez el tema pase por disputar un lugar en los dispositivos que desde lo masivo, construyen la cultura. No quiero decir con esto que Columba debía prestigiar sus obras. Intervenir en lo masivo no necesariamente significa construir un posicionamiento desde la alta cultura. Sino participar en la cultura general. Se trata de entrar al juego de los dispositivos de lo masivo, de la construcción mediática de lo cultural.




Hay un número muy preciso de iconos de la historieta argentina de los que pueden hablar los medios masivos de comunicación. De los que hablan con frecuencia y casi exclusivamente cuando hablan de historieta. Y que forman, por tanto, una parte (con o sin prestigio) de nuestra cultura. Y hay un numero infinitamente mayor de excluidos. A la reducida lista de personajes, Mafalda, Inodoro Pereyra, Clemente y alguno más; se ha sumado recientemente El Eternauta. Tal vez producto de la operación de crítica y prestigio realizada por Sasturain, que propuso para las obras de Oesterheld un patrón de análisis particularmente brillante. Sin embargo la incursión del Eternauta en los medios masivos es tan selectiva como nuestra memoria. Se omite siempre su importancia de contexto, se lee a Oesterheld sin Oesterheld. Su vida y toda la historieta que se referenciaba en el, permanece sistemáticamente oculta. Recordamos su militancia montonera pero no su militancia editorial ni artística. No hay historietista argentino que no hable de Oesterheld como “el maestro”. Viejo y maestro son los términos mas frecuentes para Oesterheld. La brillante crítica de Sasturain no hizo más que traducir en términos de crítica literaria lo que el submundo de la historieta siempre supo. Que Oesterheld era el maestro. Que todos aprendieron algo de él. Antes, en otro post hable del estado de excepción. Volveré al tema mas adelante. Por ahora la pregunta es sobre esa presencia incompleta. La representaciones de la historieta argentina en los medios de comunicación. ¿La revista Viva le dedico alguna vez una tapa? ¿Acaso Ñ le dedico un número a la obra y vida de Oesterheld? Hay una parte de la cultura argentina que no podemos ni adivinar leyendo Ñ. Y tal vez no se trate de la incapacidad de los medios de registrar la cultura, sino de su pretensión de generarla.



Participar en la Cultura.



Escribiendo sobre literaturas marginales en 1979, Sasturain reflexionaba sobre el lugar que ocupa la historieta dentro del marco general de la cultura argentina. Y lo ubicaba con un juego de relaciones semejante a las que establece la literatura con las literaturas marginales. La literatura, decía, se constituye de un Corpus, un Sistema y una Institución. El primero es un conjunto de textos. El Sistema opera seleccionando, clasificando, organizando y jerarquizando esos textos. Y la institución trabajaría sobre la sociedad instituyendo (valga la expresión) la legitimidad de lo literario, básicamente “un instrumento de preservación y conservación”. Luego analiza los mecanismos de exclusión de la literatura, su dinámica. Siempre en relación a la Cultura. El dilema de la historieta-decía- es si disputar un espacio propio o marginal. Ser una variante de otra cosa o ser algo en si mismo. Se trata, en otras palabras, de participar de la cultura ya sea en términos de legitimo prestigio (plusvalía de la industria cultural, como prefiero pensarlo) o sencillamente estar. Concluía Sasturain que “acaso el equivoco resida en no tener claro si lo que se quiere es definirse ante la cultura o incorporarse a ella” (El Domicilio de la Aventura, Colihue, 1995) a Este planteo quiero sumarle algo mas. Y tiene que ver con los términos de lo masivo y lo popular. Se trata no solo de participar de la cultura sino de entrar en los términos de lo masivo. Imponerse a lo masivo. Dejar rastros en esa cultura establecida por los medios. Para trascender las fronteras del olvido y los avatares editoriales. No es un problema de realidades, sino de representaciones. Columba existió, con toda la historieta argentina de la que fue parte y que la atravesó radicalmente. Una tremenda cantidad de ejemplares editados, vendidos y leídos lo testifican. Aunque lo masivo no lo haya registrado. La lucha, siempre es por la memoria.


6 comentarios:

M.C. dijo...

Muy interesante artículo.

Ricardo De Luca dijo...

Gracias por leer.

gabriel dijo...

Muy bien, ché, lo felicito.

norberto dijo...

Leíste "HGO en 1a y 3a persona" de La Bañadera del Cómic?

Ricardo De Luca dijo...

Gracias por leer. Norberto, tengo los dos libros pero todavia no los pude leer.Saludos.-

Carlos Arguello dijo...

Más que interesante el artículo, es como para compartirlo.