Todo género narrativo tiene una idea fuerte, que
deviene de una contradicción central. Y los relatos deportivos no escapan a esa
máxima, la idea fuerte, en este caso, es la superación. El protagonista siempre
va a ser un sujeto que quiere superarse, que busca ser mejor en lo que hace. La
contradicción se expresa en la diferencia entre lo que se es, y lo que se
quiere ser, así la lógica de todo relato deportivo es el desafío de los propios
límites y los sacrificios que son necesarios para alcanzar esa superación; para
ser el mejor tenista, el mejor jugador de fútbol, el mejor boxeador. Por
supuesto la lógica deportiva tiene su propia palabra para definir al mejor,
aparece aquí la meta de todo personaje deportivo: se trata de ser el campeón. Y
todo rival a vencer se convierte así en un accesorio del relato, nos recuerda
lo que debemos superar, la superación sigue siendo personal, pero toma cuerpo
en un rival que representa lo que debemos superar, nos interpela a desafiar
nuestros propios límites proyectados en aquel otro que nos desafía, no se trata
de vencer al otro sino de vencer a nosotros mismos, el otro es un espejo de
nuestra meta, de nuestro límite. Así, todo relato deportivo se estructura
principalmente en la experiencia individual, de superación y sacrificio.
La expansión del rendimiento físico es también una forma del crecimiento. Pero la experiencia deportiva no llega ahí, se detiene en la competencia y en el desafío. Se trata de adquirir, mediante el sacrificio del entrenamiento, una capacidad que no se tiene, o bien expandir los límites de una capacidad ya desarrollada. La adquisición de esa capacidad, el camino del sacrificio, puede tener distintas variantes. Puede tomar la forma de un descubriendo; es la historia del jugador de fútbol destinado a ser campeón pero que está tapado por su historia personal y social, la historia bregará entonces sobre los pormenores de ese descubrimiento, el descubrimiento del propio talento. Un descubrimiento personal y social, porque alcanzar la meta incluye aquí el reconocimiento, no es solo descubrir el propio talento, es que los demás lo reconozcan también.
Aquí aparece cierta mirada existencialista y trágica. Otra variante menos metafórica trata sobre el sacrificio mismo del entrenamiento, las cosas que debemos dejar de hacer para poder entrenar, los placeres que perdemos para ser mejores en algo y la contradicción está en los otros que no entienden el sacrificio. Buena parte de los relatos deportivos toman alguna variante del sacrificio como eje principal.
Llegamos entonces a los conceptos centrales del relato deportivo, la
superación que tiene que ver con la competencia y el desafío; y por otro lado
el sacrificio que implica asumir toda experiencia deportiva, entre todo esto
está el concepto de talento como una capacidad extra a descubrir o desarrollar.
Hasta acá podemos encontrar cualquier historia básica de deporte, desde la
biografía de cualquier deportista, pasando por muchos mangas Shonen, como los
Supercampeones (Captain Tsubasa), hasta las líneas centrales de Dragon Ball.
Pero el asunto se vuelve más interesante cuando la idea fuerte se convierte en
metáfora de algo más. Cuando el territorio a superar no son los límites del
cuerpo sino los límites de la propia vida. Entonces el protagonista ya no es un
sujeto que se sacrifica (entrenando) para adquirir una capacidad que no tiene,
para extender una destreza, sino que se sacrifica para superar los límites que
la sociedad le impone. El rival a vencer ya no es un espejo de un límite
personal; es una condición social. Y cuando el relato trata sobre el boxeo la
metáfora se torna más poderosa, porque el rival a vencer, es un otro que nos
golpea. La representación misma de la adversidad. Ya no hay metáfora, ganar
ahora es dejar a otro fuera de combate, la lucha tampoco es una metáfora, se
trata golpear y resistir los golpes. El mundo a superar es un mundo hostil,
representado en ese otro, en el rival despiadado, del que hay que defenderse,
al que hay que golpear.
Y llegamos al fin a Rocky Keegan, la historieta de Ray Collins y
Gerardo Canelo que inició su largo derrotero en 1979 y nada más y nada menos
que en el primer número de Nippur Magnum (una de las grandes revistas de
historieta argentina, el título máximo de Editorial Columba). Las líneas
generales de la historia podemos recordarlas. Angus Keegan II, Rocky, es un
personaje transparente, simple, con tan solo anhelos de felicidad, que está
destinado a ser boxeador. Él no lo sabe, y no le interesa serlo, pero la
historia no lo dejara elegir. Como no pudo elegir un pasado que desconoce, signado
por una vieja lucha de un poderoso magnate periodístico contra el hampa. Las
fuerzas del destino terminarán alejando a Rocky de su tranquilo pueblo en
Pensilvania para llevarlo a Nueva York, al centro de otra lucha contra el hampa
y meterlo, finalmente, en el Ring. Y Rocky Keegan, el hombre simple que se
resistía a golpear deberá golpear para vivir.
Alguna vez, en una charla, el Maestro Ray Collins dio su definición de
historieta y dijo algo así como “la historieta es la síntesis de una serie de
cosas que tienen que ver con la vida”, recuerdo la frase por lo mucho que dice
sobre la escritura, sobre el oficio de contar historias. Ese “tiene que ver con
la vida” es un concepto enorme y define un poco lo que buscamos cuando buscamos
una historia: que nos diga algo de la vida. Y qué es la vida, sino un problema,
un universo de contradicciones donde podemos encontrarnos, porque nosotros
también tenemos una vida, es decir; tenemos problemas. Es el chico que no se
anima a hablarle a la chica que le gusta, es el trabajador que no consigue el
trabajo que necesita, o el aumento que pide, o puede ser el camionero que
decide irse de su pueblo natal, enfrentado desafíos desconocidos. Un gran
escritor es capaz de identificar esas contradicciones, centrales de la vida, y
contar desde ahí una historia que nos va a tocar desde las contradicciones y
tensiones que nosotros también sentimos, desde la vida.
La destreza narrativa de Ray Collins se evidencia por todos lados, desde esas contradicciones a las que expone a los personajes hasta el fraseo empedernido y despiadado de la voz en off, casi una marca registrada del gran Ray, que enfoca los conflictos y provoca todo el tiempo a los personajes, los maltrata, los agrede, la voz en off forma parte de la hostilidad del mundo y obliga a los personajes a actuar.
La experiencia individual de la tópica deportiva pasa a un segundo plano, en esta historia, como en tanta otras de Ray, todo es accesorio a una problemática mayor, se trata de la vida. Así es como del esquema deportivo, Ray toma la idea del desafío y la metáfora del combate contra un mundo hostil. Y ese mundo hostil nos llega descrito en las líneas generales de otra gran fuente del trabajo de Collins: el policial negro. Que se caracteriza por una mirada pesimista del mundo. En el policial negro, el mundo esta corrompido, sucio, no hay esperanza ni justicia, solo personajes oscuros, vencidos, combatiendo contra la desgracia, el bien es un accidente frente un mundo que funciona con la lógica del crimen. Aquí, ese mundo, está representado por Nueva York, esa ciudad hostil, sucia, asfixiante, sin aire... “y a veces sin sol”. Esta mirada del mundo contrasta con la nobleza de Rocky, el campesino de Torquay, Pensilvania, que parece venir de otro planeta.
Por el lado del dibujo, encontramos a un Gerardo Canelo afiladísimo,
con un dominio del trazo, la figura y los escenarios envidiable. De la escuela
de Milton Caniff y los grandes clásicos de la historieta moderna, Canelo juega
con los valores de línea, con los plenos y llega a un nivel que supera todo lo
clásico. El diseño de personajes -desde Letizia Keegan, la madre querible,
hasta Salvatore Murra, el boxeador loco- demuestra el dominio y la destreza de
Gerardo, es imposible imaginarlos de otro modo, son fieles a la historia y
encuadran perfectamente allí. Y en el exigido planteo de cuadros y diálogos por
página (característicos de Columba), Canelo encuentra la forma de mantener viva
la narración gráfica y volver dinámicos los encuadres. Conforme avanzan los
capítulos el diseño de página se vuelve cada vez más audaz y la línea, siempre
precisa, encuentra notables niveles de expresión. Canelo siempre fue un
avanzado en Columba, un dibujante distinto, un grande entre los grandes.
En resumen, tenemos aquí una historieta colosal, de dos grandes autores
en un momento de altísima creatividad. No estoy seguro si es una historia de
superación y desafíos, pero sin duda es una historia de lucha y de fortaleza,
porque de eso se trata el boxeo. Hay que luchar, hay que resistir, y hay que golpear
para vivir.
Se consigue en comiquerías y librerias, edita Duma, por supuesto.

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