Toda deuda es resultado del diferimiento de los términos de un intercambio, no importa qué objeto, bien, o servicio se reciba, el receptor no ha de retribuir lo recibido en forma inmediata sino que lo hará en un futuro, y queda de esta forma, en una situación de obligación: Debe retribuir aquello que ha recibido. Esta obligación supone alguna forma de poder, poder del acreedor, que en principio es más fuerte que el deudor, ya que no precisa una retribución inmediata y puede, por tanto, esperar los plazos del deudor. Al mismo tiempo se manifiesta una debilidad del deudor, que a partir de ahora estará de alguna forma sujeto a las necesidades de su acreedor, gracias al instrumento de su deuda.
Esta simple lógica económica es también una lógica de las relaciones sociales, ya Marx había planteado hace mucho tiempo, que toda relación económica es también una relación social (Marx llegó a decir, parafraseando al viejo y peludo Aristóteles que el ser humano es un animal económico). Por otro lado, el antropólogo Marcel Mauss tomó esta idea para llevar a cabo una suerte de sociología del intercambio, cuando escribió su famoso “Ensayo del Don” donde la idea de la gracia divina, el Don y el Contra-Don implicaba un intercambio económico en términos de crédito, plazos y deudas.
Es que en sociedades distintas a la nuestra también hay lógicas económicas, y estas lógicas también son sociales. Mauss habló de la obligación de devolver el Don recibido, ya sea un objeto, un poder sobre los demás (un juez por ejemplo ha recibido el poder de juzgar a las personas, y decidir sobre sus bienes y su libertad. Debe devolver ese Don con justicia, retribuir a la sociedad lo que ha recibido de ella) o bien, en sociedades mas elementales, la gracia de la vida es considerada también un Don, y hay que estar a altura de esa deuda. Lo importante aquí es que toda deuda implica poder y sujeción. Pero también hay un deber, el deber de retribuir aquello que se ha recibido. Y sobre estos elementos versan las historias que se reúnen en el libro "Deudas" dibujado por Tomas Francisco y escrito por quien suscribe.
En la primer historia que compila el libro se registra el lado oscuro del poder, a las deudas tomadas como herramientas de dominación. La sujeción proyectada a todos los seres mediante el instrumento de la deuda. En Los enemigos de la Humanidad, los poderosos que alguna vez prestaron dinero, han hecho de la deuda una herramienta de control y dominación y “nadie está libre de las deudas”.
En ese futuro siniestro, Raúl Lomas va a recorrer la galaxia en busca de los restos de su padre, esclavizado por sus deudas. En la segunda historia, Buscando a Aguirre, encontramos el lado más amable del intercambio, el deber de devolver, y aquí el personaje principal sigue los rastros de Aguirre, un ingeniero que le ha prestado, sin ánimo de lucro, un dinero para ayudarlo en una situación complicada que debió atravesar. En ambas historias también encontramos la idea de la búsqueda, son personajes que buscan. El primero, en su búsqueda cuestiona un mundo de abusos y el segundo, en su búsqueda defiende la dignidad de dar y recibir.
Esta historias fueron escritas en momentos distintos pero parecen estar conectadas por estas reflexiones. Se las encomendé, en su momento, a Tomás Francisco, que ha hecho un trabajo impresionante, apasionado, con quien estoy agradecido y por que no, también en Deuda. Espero que el lector que transite estas páginas encuentre en ellas el mismo placer que fue para nosotros realizarlas. El libro puede conseguirse en comiquerías y liberias. Edita por supuesto, Duma.



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