domingo, 9 de agosto de 2026

Cementerios virtuales.

 

Facebook me avisa del cumpleaños de “F”, hace mucho que no tengo contacto con él. En realidad, nunca tuve un contacto verdadero, “F” era un amigo virtual, una relación establecida a través de las sugerencias de Facebook. Teníamos intereses en común, hubo intervenciones en los muros de cada uno, se compartieron publicaciones, se intercambiaron algunos comentarios, pero nada más de eso. Hoy cuando me avisa de su cumpleaños exploró su muro después de mucho tiempo para saludarlo, y veo que las últimas publicaciones que hay allí son, justamente, saludos de cumpleaños, de varios años anteriores. Ninguna publicación propia, ni reposteos ni comentarios de estado. Reviso más atrás y encuentro un posteo donde alguien en uso de la cuenta de “F” anuncia el fallecimiento de “F”. Situaciones como esta empiezan a repetirse, muros inactivos de usuarios que fallecen, muros que quedan con actividades anteriores, con publicaciones, fotos, comentarios, reposteos ocasionales de lejanas relaciones y acontecimientos, pero que van acumulando publicaciones sugeridas por Facebook. Los saludos de cumpleaños se acumulan, a veces incorporando un “saludo al cielo” o comentarios conmemorativos. La inactividad de cuentas virtuales, de usuarios de distintas plataformas no es algo nuevo, como tampoco lo es el abandono de espacios virtuales o las páginas de internet que quedan colgadas como testimonios de algún proyecto comunicacional o comercial abandonado. La novedad es que estas páginas de usuarios, las redes, establecen un vínculo personal que los convierte en una suerte de representación misma de la persona y a la vez exhibe un avance de lo virtual sobre la realidad, y en el caso del fallecimiento de un usuario, esto cobra un particular contraste. Es un fenómeno que creo merece alguna reflexión antropológica.    

 

La era del punto com

 

La primera época de internet estaba marcada por la incógnita y la novedad. La novedad de un nuevo y rápido modo de comunicación y la incógnita de no saber exactamente qué función cumpliría ese modo de comunicación y cómo generaría dinero. Lo primero que circuló por internet fueron textos y la primera forma de publicación virtual fue la primitiva páginas internet, la pagina web. En su mayoría estás páginas pertenecían a empresas o instituciones. Solía decir Bill Gates en aquellos años, que la internet era el más democrático de los mundos porque una página de internet le cuesta lo mismo a una gran empresa que a una pequeña. Las páginas web expresan la forma más pura de la realidad de la red. Poner una página implica pagar un hosting, (un servidor donde se aloja la información de la página y al cual se dirige las PC a la hora de leer) y un dominio (que no es otra cosa que la dirección). La internet se compone de estas páginas, los navegadores y los buscadores son los medios que instrumentan y organizan esa experiencia para encontrarlas. Lo importante aquí es que la internet inicial solo ofrecía estas páginas para ver. Era un mundo inconexo de textos para leer.

 

Ahora toda esa experiencia inicial cierra de algún modo el círculo de lo que se llamó la burbuja “punto com”, volvemos al punto inicial de la incógnita. Realmente en este momento no estaba muy claro cuál sería el modelo de negocio que daría la Internet, pero había muchas expectativas. El Nasdaq, que es mercado bursátil que inventaron en Estados Unidos para articular las inversiones públicas y privadas en el desarrollo tecnológico y cuyo centro de poder podemos ubicar en Silicon Valley, se empezó a llenar de inversionistas de riesgo, las acciones de las startup con dominios “punto com” volaron por las nubes. Cualquier empresa que tuviera un “punto com” tenía un activo bursátil para capitalizar en el NASDAQ, pero con el tiempo la realidad de un negocio que no guardaba relación con una realidad material que capitalizar se desplomó. La burbuja punto com se basaba en el registro justamente de los dominios, que era lo que se compraba y vendía en las operaciones del NASDAQ, con la especulación de que en algún momento y de alguna manera eso iba a generar ganancias. Como en toda burbuja financiera el dinero circulaba sobre el vacío.  Esto duró entre 1994 y 2002, cuando las empresas de tecnología tuvieron que responder por todas las inversiones que recibieron y no pudieron hacerlo. Se produjo un sin fin de quiebras, desaparecieron los activos tóxicos y quedó una suerte de depuración del mercado y tomó fuerza el segundo modelo de página de internet, los portales.

 

 

La era de los portales.

 

 

Podríamos distinguir entre dos tipos de portales, los “portales contenido”, que eran espacios donde se subían artículos, fotos y más tarde videos. Guardan cierta relación con la página institucional solo que no pertenecía a una institución o empresa. Se trata de un espacio más próximo a una publicación de interés general, no podía ser asimilada a la forma de propaganda, sino que tiene más relación con la una forma periodística, era una suerte de diario virtual. Un espacio donde uno iba a buscar información, contenido de interés.


Por otro lado, los “portales plataforma” tenían las mismas características de los portales contenido, pero incorporan los foros y otro tipo de servicios, como era específicamente las casillas de mail. Aquí ya podíamos encontrar Yahoo y más tarde Google. Es importante observar cómo se empieza a transformar la experiencia de internet, desde una experiencia de lectura que era la navegación inicial, primero se agrega la participación (a través de los foros, cómo veremos más adelante) y luego el servicio (la casilla de mail), es decir la navegación empieza a establecer otro tipo de relación con el usuario de internet.

 

Los foros eran espacios donde los usuarios podían interactuar entre sí. Ya sea comentado las notas o en espacios puros de internación donde había “salas temáticas” dedicadas a temas de interés, en muchas ocasiones propuestos por los mismos usuarios. Entre este tipo de portales recuerdo como los más famosos “el sitio” o “Terra” pero había más, “Taringa” entraría dentro de esta categoría. Aquí ya empieza a cobrar forma la figura del usuario, que debía loguearse ya sea para participar de los foros temáticos o en los foros de las publicaciones.  La figura del usuario y su registro en el portal, así como su participación serán clave para el desarrollo posterior de la red.

 

La red de redes, la internet de los usuarios.

 

Excede mí intención en esta nota, pero la incorporación de los celulares inteligentes sin duda crea una nueva fase de la internet donde la participación del usuario se consolida y se transforma radicalmente la experiencia de internet, algo ya he analizado en una nota anterior. Lo importante aquí es que el derrotero que va de la lectura de textos, a la participación activa y luego el servicio de comunicación (los mails), lleva a un nuevo servicio que es el de ofrecer espacios de publicación. Así aparece el servicio del blogspot (también podemos hablar de YouTube). Fundado en 1999, por dos desarrolladores norteamericanos, Evan Williams y Meg Houritan, que fundaron la empresa Pyra Labs. Blogger le ofrecía al usuario, un espacio donde publicar textos sin necesidad de tener conocimientos de ningún lenguaje de programación. Eran páginas con formatos pre armados donde uno solo tenía que publicar los textos, imágenes y también se podían vincular videos desde otras plataformas. La historia de Pyra Labs responde a lo que comenté más arriba sobre la incógnita de internet. La empresa enfrentó una crisis económica en tanto se acabaron las inversiones iniciales, ya que, al no haber encontrado un modelo de negocio, no podía responder frente a sus inversionistas y a sus propios empleados. Se intentó incluir un plan pro, donde se le agregaba al servicio algunas opciones más, pero no resultó, hubo una huelga y Blogger en manos de Williams se convirtió en una suerte de proyecto fantasma. Hasta que finalmente la empresa termina siendo adquirida por Google, que la incorpora a su modelo global de negocio, donde un conjunto de servicios gratuitos vinculados se ofrece a cambio de la participación en la red. Podríamos decir, y no creo ser muy original en esta idea, que la internet actual, el mundo de la red, produce usuarios. Está producción de usuarios desemboca en una sociedad virtual, a la que, por supuesto, le suceden muertes virtuales.

 

La internet de las cosas olvidadas.

 

Llegamos por fin a esta internet de usuarios, que es el mundo de las redes. Aquí lo que circula es el contenido que los usuarios suben a la red. Y en un sentido aún más profundo, los usuarios mismos. El mundo de la red hoy es un mundo de usuarios, de sujetos virtuales que interactúan entre sí, que comparten, repiten, comentan, publican, se trata de una sociedad virtual. Uno, a veces, va a las redes en busca de sujetos, usuarios a quienes seguir, este es el mundo de los influencers y los productores de contenido. Alrededor de todo esto están las páginas institucionales, las apps de servicios y contrabandeada en medio del algoritmo, está el verdadero negocio de la red: la publicidad, que se instrumenta desde las plataformas. El varadero poder de la red está justamente en el control de la plataforma, de las publicaciones que circulan y los usuarios que ofrece, en otras palabras, el poder hoy está en el privilegio de circulación. No hay que ser muy astuto para darse cuenta que mezclado entre las sugerencias estadísticas de intereses que produce el algoritmo, se introducen publicaciones que no responden al mismo. Es lo que la red quiere que veamos.

 

Pero volviendo al tema que motiva esta nota, llego aquí al corazón de este humilde análisis, por qué es esta nueva dinámica de la red lo que permite el fenómeno de los cementerios virtuales. Ya que su mecanismo de funcionamiento requiere que existan espacios para los usuarios, es el precio que pagan las redes por nuestra atención. Entonces se presentan estos espacios de publicación que permanecen mientras no demos de baja las publicaciones o bien las cuentas en sí. Blogger ofrece un buen ejemplo de esto. El modelo de publicación que ofrece ha pasado un poco de moda y la fiebre de blogs que en algún momento hubo terminó dejando un sin fin de blogs abandonados. Se puede ver en los links de este mismo blog una enorme cantidad de blogs abandonados cuyas últimas publicaciones datan de muchos años atrás. Aquí estaría el primer gran cementerio virtual. Las paginas de internet de la época anterior se bajaban en tanto uno dejara de renovar el domino o de pagar el hosting, estos espacios de usuarios no. Google sigue dejando en línea los blogs, aunque sus creadores ya no estén.

 

El segundo y tal vez más complejo son los perfiles de usuarios que han fallecido. Aquí hay una diferencia sobre los blogs, ya que se trata en este punto de cuentas de usuarios y no de espacios de publicación (como serian Blogger o Youtube). Las redes de usuarios no son espacios de publicación, aunque contenga alguna forma de recipiente virtual, las cuentas de usuarios en las redes son formas de existencia virtual. Al abrir una cuenta en Instagram o X, uno lo que hace es empezar a existir en la red y una vez allí interactúa con las reglas que la red propone.

Pero ante la inactivad (ya sea por desinterés o deceso) se presenta un dilema. Porque parte de la valoración de las plataformas de usuarios depende de la cantidad de usuarios que tengan y depurar las cuentas inactivas o de personas fallecidas implicaría de alguna manera reducir justamente el número de usuarios y por tanto el valor de la plataforma. Pero el otro riesgo es encontrar una red vacía, llena de cuentas sin actividad que permanecen como casas abandonadas. Al gran peligro para el futuro de las redes que era quedarse sin usuarios activos hoy se le puede sumar el peligro de quedase sin usuarios vivos. Hace algunos años alguien hubiese dicho que esto es un debate irrelevante porque las cuentas personales de cualquier red social tenia muy poco valor, y bien podía ser una moda pasajera. Pero hoy cuando ya varias generaciones han atravesado buena parte de vida en la red, y cuando autoridades públicas como privadas revisan el Facebook de los empleados para conocerlos, y gran parte de la información que circula lo hace a través de las redes, el tema cobra otro valor. La salud y el futuro de cualquier red implicaría de alguna manera, depurar y evitar la multiplicación de cuentas inactivas (ya sea por desinterés o por deceso del usuario). 

La inactivad es fácil de detectar por los mecanismos de la red, pero el motivo es lo difícil. El problema del desinterés obliga a los diseñadores de red a innovar permanente para adaptarse ya sea a los nuevos intereses como a las nuevas costumbres de sus usuarios, incorporase a las nuevas tecnologías (un buen ejemplo de esto es como Facebook ha conseguido pasar desde el mundo de la navegación de pc de escritorio a la navegación de celulares inteligentes). Pero si el motivo es el deceso, la red enfrenta otros problemas, pues debería tener información por fuera de su entono. Información del mundo real. El padrón de decesos. Hasta ahora la manera es que algún familiar de la persona fallecida informe a la plataforma y aporte pruebas del fallecimiento. En el caso de Facebook, la cuenta de usuario toma la forma de cuenta homenaje. Pero la forma más precisa sería posible a partir de un cruce directo con instituciones estatales, es decir, que, a partir de algún contacto con los registros nacionales, se den bajas automáticas de usuarios. Pero esto convertiría a la red, de alguna manera, en un organismo estatal. Y queda por preguntarse qué tan lejos están realmente las redes de ser un organismo estatal.

 

domingo, 2 de agosto de 2026

Las trampas del debate. Un país de escritorio.

 


Un lugar común de los economistas del campo popular cuando se les pregunta sobre el actual rumbo económico es cierta apelación a la reflexión social que puede sintetizarse en la pregunta de “qué país queremos”. Con ese ardid los economistas se introducen en el tema sobre los modelos económicos y sus consecuencias. Entonces aparece la figura del “modelo” y finalmente se llega al dilema de tener que elegir “un modelo de país”. Está formulación está presente también en muchos políticos del campo popular, de hecho, fue la misma Cristina Kirchner que varias veces ha recurrido a la figura de la elección entre modelos para caracterizar una elección de gobierno. Pero es realmente correcto hablar de elecciones o decisiones sobre modelos económicos, es realmente eso lo que está en juego o resulta ser una trampa del debate cuyo resultado es neutralizar toda posible transformación.

 

Un laboratorio de países.

 

El tema de reducir el debate político a una elección entre modelos es que enmascara el universo de transformaciones que implica todo proceso político. Y peor aún, para el campo popular, oculta la verdadera historia económica del país, donde el liberalismo ha reinado con escasas y breves interrupciones. Se terminan dando graves concesiones a la derecha, como sostener que el ISI (Industrialización por Sustitución de Importaciones) haya sido un modelo de desarrollo de comparable aplicación con las políticas liberales, cuando apenas fue el resultado de la interrupción del comercio internacional debido a las dos guerras mundiales, fue una política económica sin una articulación completa hacia una política industrial. Terminamos aceptando la mentira de que Argentina fue alguna vez proteccionista o intentó un modelo alternativo al liberalismo económico, cuando en rigor nunca fue así.

 

Se niega la realidad del país que ya somos, con el desarrollo que ya tenemos y los desequilibrios por resolver, para entrar a un debate de laboratorio sobre una supuesta inserción en el mundo, donde uno podría sin ningún tipo de limitaciones elegir su lugar, como si alcanzara con decir para donde ir para que las realidades económicas se desenvuelvan. Al otro extremo, se plantean tantas limitaciones imaginarias que solo queda un lugar posible, el de exportadores de materias primas e importadores de todo, y para eso resulta necesario destruir el desarrollo que ya tenemos.

 

La pregunta real no es qué país queremos, sino que país necesitamos y qué país tenemos, para poder pensar un plan que aproxime el país que tenemos con el que necesitamos. Todo se construye desde lo que ya hay, por eso es prioridad conocer el detalle del actual desarrollo y sus desequilibrios. Aquí es donde empiezan los problemas.

 

Los economistas de derecha menosprecian con un odio tan abiertamente antiargentino todo lo que existe en nuestra patria y solo aceptan una inserción en el mundo como siervos del poder internacional de turno, ya sea Inglaterra, Estados Unidos o China. Por otro lado, los economistas del campo popular parecen coincidir en muchos aspectos de esa inserción, pero con cierta culpa por lo que genera en el país, entonces la solución se presenta como un “estado presente” que venga a compensar un poco del desastre de desigualdad y pobreza. Y aquí empieza a notarse una falta de conocimiento del nivel de desarrollo nacional y su potencial. Como diría Jauretche, a los primeros les falta patria para pensar desde el país al mundo y a los segundos les falta patria para conocer a fondo el país que somos. En ambos casos terminan jugando al juego de desequilibrios, tan conveniente para el capital extranjero y que tan dañino es para el desarrollo.

 

Ningún país sale de un escritorio, es el resultado de disputas y luchas, pero requiere una conducción con un profundo conocimiento de las capacidades, debilidades y desarrollos. Para poder mejorar lo que ya hay y sumar lo que falta.

 

 

Conocer el territorio.

 

Una de las grandes diferencias entre los planes de la derecha y la izquierda (aunque como se habrá notado, prefiero hablar de Campo popular), es que la derecha suele operar con un conocimiento más específico del territorio. Y en realidad no debería sorprendernos pues fueron ellos, quienes han digitado la estructura del país, desde el reparto de tierras a la ingeniería fiscal (qué impuestos pagamos, como se reparten y quienes los cobran) y todo el entramado jurídico. El país es desde sus inicios un proyecto liberal, por eso es un grave error aceptar pasivamente la trampa del debate de modelo. Para el campo popular no se trata de elegir qué modelo, sino de transformar, de cambiar el modelo de país que se diseñó desde 1810 y que encuentra en un gran número de políticos y funcionarios permanentes, liberales primero, y neoliberales después y libertarios ahora, el elenco estable del poder. Pero los liberales, y libertarios, construyen un discurso, una mentira, donde siempre son la excepción y vienen a reformar permanentemente el país que ellos mismos formaron. Como ejemplo de esto me alcanza con recordar apenas los 4 programas liberales recientes  que sucedieron casi uno a continuación del otro, la revolución libertadora (1955), el proceso de reorganización nacional (1976) , la reforma del estado de Menem y Cavallo (1990), y ahora “las ideas de la libertad” son todos exactamente el mismo programa liberal, neoliberal, hoy libertario que viene gobernando el país desde 1810 (con breves interrupciones) , y es, en todo sentido el varadero culpable de los mayores desequilibrios de nuestra economía y de la pobreza que ellos le adjudican a sus enemigos.

 

Ahora por el lado del campo popular, se evidencia un grave desconocimiento del mundo económico, es decir, del territorio, sobre el que se debe actuar. En parte porque los políticos del campo popular parecen haber aceptado gran parte de las mentiras liberales, y en otra parte porque el juego de contradicciones de las tradiciones de izquierda pareciera haberlos cargado de injustificados prejuicios sobre el funcionamiento económico y los actores. Esto genera que tengan un rechazo inconsciente a las capacidades nacionales y particularmente hacia el empresario argentino, a quien asimilan al terrateniente liberal, que es en realidad, su opuesto. Esto deriva en un torpe accionar sobre la realidad económica. No voy a explayarme más sobre este punto, pero cuando el campo popular interviene en la economía lo hace a destiempo, con herramientas confusas y en no pocas veces con resultados contraproducentes. En ocasiones hasta podemos encontrar políticos y economistas del campo popular, defendiendo el entramado fiscal creado por Martínez de Hoz y Cavallo (un régimen regresivo que tiene sobre la mayor carga fiscal sobre el trabajo y la producción industrial y favorece escandalosamente al capital extranjero). Del mismo modo la elevada informalidad no puede ser entendida como una cultura de la evasión (prejuicio casi extranjero, con un fuerte contenido de desprecio hacia los argentinos), sino el resultado de una ingeniería fiscal que carga sobre la actividad y no sobre la ganancia. Es preciso una profunda reflexión sobre las formas de intervención económica y como estas deben orientarse a transformar el país liberal que tantas desigualdades genera. Para esto es importante no caer en las trampas del debate y reconocer el verdadero y profundo funcionamiento de la economía argentina y sus actores. El campo popular nos debe un profundo plan de reformas económicas orientadas a defender a los argentinos, sus capacidades, sus talentos, sus esfuerzos y para ello es preciso terminar con el régimen liberal (y anti argentino) que padecemos desde el inicio de nuestra historia. 

 

 

 

lunes, 15 de junio de 2026

La corrupción, fuerza de hoy.



 Se ha escrito mucho sobre el género policial, y uno de los ensayos que más me gusta, pertenece a Jorge Luis Borges. Se trata en realidad de una conferencia que Borges dio en la universidad de Belgrano en 1978. Fue un ciclo de cinco conferencias, de “clases magistrales”, que fueron compiladas por Emece al año siguiente y publicadas bajo el nombre “Borges oral”. La última de estas conferencias, “El cuento policial” ha circulado a modo de introducción en varios libros de relatos policiales. Especialmente en ediciones de “Seis problemas para don Isidro Parodi” unos cuentos que Borges escribió junto a Bioy Casares bajo el seudónimo de H.Bustos Domecq, en 1942.

En este texto brillante, Borges ubica el origen del cuento policial en “los crímenes de la calle morgue” de Edgar Allan Poe, publicado originalmente en 1841. sostiene aquí Borges, que este origen del género está marcado por una pretensión de Poe de construir un género intelectual “Poe no quería que el género policial fuera un género realista, quería que fuera un género intelectual, un género fantástico si ustedes quieren, pero un género fantástico de la inteligencia, no de la imaginación solamente; de ambas cosas, desde luego, pero sobre todo de la inteligencia.” En los “Crímenes…”, están los principales elementos del género policial. Aparece la figura del detective (Auguste Dupin “el primer detective de la historia”) que funciona como un razonador abstracto y, que a partir de pistas que se le presentan sin demasiadas complicaciones (Dupin accede a toda la información sobre el crimen a través de los diarios) termina por resolver el crimen.

 

Otro punto importante aquí es que el crimen tiene la forma de un misterio inexplicable. En los “crímenes…” Poe inauguró además el misterio del cuarto cerrado por dentro (¿cómo entró el asesino?).  Este doble juego entre lo fantástico que implica el crimen inexplicable y la resolución intelectual lleva a un paso posterior que explorarán otros autores, sostiene Borges “Chesterton hizo algo distinto, escribió cuentos que son, a la vez, cuentos fantásticos, y que finalmente tienen una resolución policial.” En el esquema de Poe, lo fantástico, lo inexplicable del crimen, se va diluyendo como un espejismo a medida que las armas del razonamiento comienzan a operar. Y es a partir de la inteligencia, que en base a las pistas que el detective (y el lector simultáneamente) va encontrando a lo largo del relato como se termina por resolver el crimen. La resolución del crimen es a su vez la resolución del relato. La tensión dramática, voy a aventurar como hipótesis, está dada por la ausencia de lógica de los acontecimientos, que se multiplica con las pistas dispersas y a veces falsas, y así, el desenlace no es un hecho de acción sino hecho de la inteligencia. Es la aparición de la lógica que da sentido a todos los hechos dispersos: el motivo del crimen y el criminal. Como se ve, el relato policial en esta configuración inicial, con su forma intelectual, carece de acción y violencia. Ni Dupin termina peleando con los asesinos, ni lo hace Sherlock Holmes. La verdad es una fuerza poderosa, el criminal confiesa al verse descubierto o bien termina siendo pacíficamente arrestado, en escasas ocasiones presenta alguna resistencia. Confluye Borges que este tipo de relatos ha decaído mucho en Estados Unidos, pero en Inglaterra “todavía se escriben novelas muy tranquilas, donde el relato transcurre en una aldea inglesa; allí todo es intelectual, no hay violencia, no hay mayor efusión de sangre” es importante destacar este punto, el relato policial es un “relato tranquilo”.

 

Una segunda línea del género policial, es la que comúnmente llamamos policial negro. Se data su origen en Estados Unidos hacia 1920 y como su mayor exponente a Raymond Chandler. Se suele decir que el policial Clásico, es la escuela inglesa tomando como referente a Conan Doyle con su Sherlock Holmes (que de alguna manera expande el paradigma fundado por Poe) y, que el Policial Negro es la escuela norteamericana.

 

El análisis más habitual sostiene que en el policial negro, las características de una sociedad decadente se introducen en el relato, contaminándolo. A diferencia del policial clásico, donde el crimen es una perturbación en un orden establecido, y aparentemente justo. El relato negro parte de la premisa de que el orden social no es justo, la sociedad esta corrompida y el crimen no tiene nada de extraordinario. La figura del misterio y del enigma lógico a resolver, que es el sustrato fantástico del policial clásico, no está presente. Aquí la acción y la violencia entran en escena con frecuencia, y pondrán en peligro incluso la vida del detective que precisará mucho más que sus capacidades deductivas para resolver el crimen, encontrar al culpable, e incluso sobrevivir. Así, el policial negro contiene mucho más realismo y puede incluir un grado de crítica social, que es lo que fascino a muchos intelectuales en la década del 80.

 

Pero si hay algo que siempre me interesó del policial negro, es cierta manera que algunos de sus mejores exponentes describen y construyen esa degradación social. Algo que está en Chandler y también en Dashiel Hammet. Es algo en la manera de escribir, en la forma de expresar el mundo. Pienso en una forma de impostura, se trata de personajes simulando lo que no son. Rubias que no son rubias, la señora mayor que se comporta como si fuera una pendeja, el político que habla de principios y valores cuando en realidad solo le interesa el poder y el dinero, el policía que en realidad es un delincuente. Todo es falso, y el relato avanza en sus descripciones resaltando la superficie, adjetivando lo que los personajes muestran, nunca lo que son. Cuerpos vacíos, la superficie de una sociedad sin contenido real y allí, en esa degradación, en ese mundo de identidades falsas, y valores impostados, se mueve el detective buscando resolver un crimen que tiene la excepcionalidad de necesitar una resolución en una sociedad donde los crímenes no se resuelven. Se abre la puerta, entra un personaje misterioso que parece más culpable que inocente, que oculta cosas y hechos, solicita los servicios de un detective que no tiene nada de excepcional.

 






En estas cosas pensaba cuando pensé a Rafael Manso, “el Drogador”. Es un personaje que inventé hace mucho, antes incluso de Urbanópolis. Dibuje siete episodios, de los cuales solo dos fueron publicados, perdidos en algún fanzine. Quería construir un personaje como Torpedo (de Abuli y Bernet) un criminal, un villano como protagonista. Un personaje que avanza en la historia buscando su propio beneficio, sin que le importen las consecuencias, ni las vidas con que se cruce. Torpedo se mueve en el mundo del hampa, ocupa el rol de asesino, es un torpedo, un arma destructiva que una vez liberada no se sabe dónde termina ni cuánto daño puede llegar a hacer. La historia tiene elementos de la novela negra, pero también innovaciones propias, algunas relacionadas a la comedia y el humor negro. Me gustó la idea del personaje individualista en el centro, del villano, del tipo malo como protagonista. Pero el mundo que pensé para Drogador es bien distinto. Drogador es un dealer, un transa, un tipo que vende droga. Solo eso ya convoca un universo de delitos y personajes oscuros. El universo implícito del narcotráfico y de aquel sistema de negocios policiales, estatales y judiciales que permiten la circulación de lo ilegal. Un mundo corrompido y mafioso, donde nada es lo que parece y todos juegan un juego propio de intereses, el crimen aparece de la nada, todo el tiempo, en todos lados. El mundo de Drogador es tan corrupto que algunas veces Rafael parece un buen tipo. Y después están las historias de sus clientes. Es que Rafael Manso nunca es protagonista de sus historias, es un testigo de lo que sucede, un testigo privilegiado, sereno, que mira como todo se degrada sin demasiado escándalo, intentando solamente mantenerse a un lado. Se mueve en un mundo de poder y dinero, donde las ambiciones y las miserias personales son moneda corriente. Y a veces, las historias se desbocan y debe intervenir. Lo hace para defender un pasado que necesita mantener oculto a cualquier precio. Entonces exhibe una habilidad innata para el asesinato. Y ese el plus de Drogador, no es un testigo cualquiera, es un gran villano que está de vuelta, te podría matar sin pestañear, pero no quiere, no le interesa, está retirado, ahora vende droga.


 

Esteban Quinteros se sumó a esta resurrección de Drogador, que es, sin embargo, su forma definitiva. Y siento que ha hecho un gran trabajo. Con el correr de las páginas su estilo realista gana expresión y precisión, los personajes actúan su cada escena y me costaría imaginarlos de otro modo. La composición de los cuadros, el ritmo narrativo y los desafíos a los que se enfrentó y resolvió de manera magistral demuestran a un gran artista que tiene mucho para dar. Por algo aquellos episodios terminaron perdidos y Drogador ha encontrado mucho después su dibujante definitivo. Le agradezco a Esteban que se haya sumado a este proyecto. Que haya hecho suya esta historia llena de ambiciones desmedidas, de policías deshonestos y jueces corruptos, donde la corrupción es la fuerza más poderosa, y la justicia una anécdota insignificante.

 

martes, 9 de junio de 2026

Relatos de Terra Prima


 

Un planeta al otro extremo de la galaxia que fue la esperanza de la humanidad. Allí las poblaciones privilegiadas de la tierra emigraron para alejarse de la polución y la contaminación ambiental. Sin embargo, el sueño se destruyó cuando una enfermedad desconocida empezó a atacar a los habitantes y luego unos seres monstruosos llamados Yubbot atacaron a las ciudades. Los relatos que llegaban de Terra Prima eran espeluznantes. El planeta fue abandonado, solo quedan allí prisiones y minas de Torio 29. El comandante Blas Cloma es nombrado para ocupar un cargo importante en el planeta maldito. Una fortuna lo espera en la tierra si consigue volver, si sobrevive a los monstruos y a la oscuridad.

Ricardo De Luca - Horacio Lalia

Portada Carlos Barocelli