domingo, 11 de octubre de 2026

La parábola de Motorola, desindustrialización y crisis del capitalismo occidental.



La Historia de Motorola ofrece un buen ejemplo del modo y la forma de las actuales transformaciones del capitalismo. También nos da cuenta del profundo mecanismo de desindustrialización norteamericana, sus narrativas asociadas y los mecanismos comerciales y no tanto, con los cuales el partido comunista chino está influyendo en los acontecimientos. En este breve ensayo pretendo hacer un repaso de la historia de la firma Motorola, su origen y su vinculación con la industria y el desarrollo norteamericano. En este recorrido voy a observar cómo funciona la innovación, la producción material, la formación de un mercado, con lo que implica en términos de prácticas culturales asociadas y finalmente, como la participación del estado (ya sea de modo activo, conduciendo, o en modo pasivo, dejando hacer) ha condicionado y en buena medida auspiciado las actuales transformaciones. Mientras en occidente (y en EE UU específicamente) el estado se retira de la conducción del capitalismo (poniendo en riesgo su propia continuidad) en Asia (y China especialmente) el estado conduce el desarrollo industrial, llegando a sorprendentes niveles de producción con disciplina militar y anticipando una etapa imperial que no va ser positiva para el resto de los países, porque ya empieza a desplegar las malas artes de dependencia y el sometimiento.

 

La Innovación. De la música valvular a la comunicación espacial.

 

Se puede decir que, en sus 98 años de historia, hasta la actualidad, la empresa Motorola atravesó tres grandes transformaciones, de los accesorios para las radios valvulares paso a la innovación del audio automotriz y terminó, por fin, en la industria de la comunicación móvil. Pero vayamos por partes. La historia empieza cuando los hermanos Galvin, Paul y Joseph, fundaron en 1928, la empresa “Galvin Manufacturing Corporation” el objeto principal de la empresa fue la producción de un “eliminador de baterías” para radios domésticas. Para aquella época la radio era una máquina valvular, tenía la dimensión de un mueble, una caja gigantesca de madera maciza, pesada, conectada a grandes baterías internas de ácido, parecidas a las baterías de autos que funcionaban con corriente continua. Era un asunto incómodo y molesto, los hermanos Galvin se dedicaban a la reparación y mantenimiento de estos costosos equipos, en esa actividad fue cuando Paul Galvin vio una oportunidad. El eliminador de Galvin permitía saltar la batería y conectar la radio directamente a la corriente normal, resolviendo el problema de la corriente continua (con el que funcionaban las radios) y la corriente alterna (que es la se usa en los hogares). Así nació la empresa, pero el negocio duró poco porque ya en 1929 las radios valvulares empezaron a salir de fábrica con conexión a la corriente normal. Galvin empezó a buscar otra oportunidad de negocio y la encontró en el desarrollo de una radio para autos.


Para entonces tanto la industria automotriz como la industria de la radio y la comunicación estaban dando sus primeros pasos y vincular ambos mundos era un sueño comercial que flotaba en el aire, pero de difícil realización. En 1930 Galvin inventa la marca Motorola, “Moto” en alusión a los autos y “ola” era la terminación que estaba de moda para los productos relacionados a la reproducción de música (la Fonola, victrola, Rockola eran marcas que responden a esta moda).  La radio “Motorola modelo 5T71” fue la primera radio que se podía instalar en un automóvil. Su instalación era independiente al vehículo original, se trataba de un costoso servicio postventa compuesto por el costo de mano de obra y el costo del equipo, para entonces un vehículo costaba alrededor de 500 dólares (a valores actuales serían 10.000 dólares) y la radio Motorola salía alrededor de 130 dólares (2600 dólares de hoy), como vemos el costo era muy alto en relación al valor mismo del auto. No olvidemos que aún estamos hablando de equipos valvulares que no podían reproducir fonogramas, es decir solo servían para escuchar radio. A pesar del alto costo, el modelo de Galvin fue un verdadero éxito y hacia 1933 mediante un arreglo con Ford, ya varios vehículos se ofrecen de fábrica con la radio Motorola incorporada (con el abono de un extra que era menor al costo de instalación postventa) y muchos vehículos venían con el cableado preinstalado para que el usuario pueda agregar la radio si lo deseaba.

 

Motorola domino el mercado del audio automotriz hasta iniciados lo 80, pero al mismo tiempo desde el principio la compañía de Galvin metió mano en el mundo de la comunicación y aquí empieza una relación como contratista del estado norteamericano, primero con las fuerzas armadas, para quienes desarrolla el “Handie-Talkie SCR-536” (en 1940) y el “Walkie-Talkie SCR-300” (en 1943) que fueron usados en la segunda guerra mundial.




Los SCR - 536 son esas mochilas con antenas y radios que podemos ver en las películas norteamericanas de la segunda guerra mundial. Pero el vínculo estatal no se quedó ahí, desde 1958 (ya varios años luego de la muerte de Galvin) Motorola fue uno de los principales proveedores de la NASA, su tecnología participó de en la comunicación del Explorer I (de 1958, el primer satélite norteamericano lanzado al espacio) pasando por todas misiones tripuladas (Mercury, Gemini y Apollo), y la transmisión del alunizaje fue realizado gracias a la investigación y desarrollo tecnológico de Motorola. Se suele decir que la famosa frase de Neil Armstrong en 1969 “Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad", llegó a la tierra gracias a Motorola.

 

Como vemos, hasta aquí la historia de Motorola combina el espíritu innovador, un fundador creativo y audaz, que buscaba conectar experiencias sociales a través de la tecnología, con el desarrollo de una sociedad que a su vez empieza a avanzar hacia la formación de mercados de consumo de tecnología. Eso es lo que implica el avance de la radio valvular doméstica (luego la radio a transistores) y el mercado automotriz. Se trata de una sociedad que puede comprar autos y radios. La innovación, esto es lo importante, conecta mundos que se están desarrollando, y los mercados que resultan de esas innovaciones no son otra cosa que la cristalización de esos mundos en desarrollo. Al mismo tiempo ya podemos notar con claridad la participación estatal, un estado que estimula la investigación y la innovación privada, y, en muchos aspectos, la financia. Como veremos, sin las investigaciones que Motorola desarrolló para NASA, el próximo gran paso no habría sido posible.

 

El primer celular. El gran salto para la humanidad.

 

Cuenta la leyenda que el ingeniero Martin Cooper, director del departamento de investigación y desarrollo de Motorola, en 1973 caminaba por una calle céntrica de Manhattan, llevando en su mano un dispositivo del tamaño de un ladrillo, hablaba solo y, no lo sabemos, pero imaginamos que burlonamente, decía “Joel, aquí está Marty. Solo te estoy llamando desde un teléfono celular, un teléfono móvil real, portátil, de mano”. Esa fue la primera comunicación telefónica por un dispositivo móvil, por un teléfono celular. El tal Joel, era Joel Engel, ingeniero principal de los laboratorios Dell, de la empresa AT&T, el principal competidor de Motorola en la carrera por la comunicación Móvil. El Motorola DynaTAC 8000X, fue el primer teléfono celular, pesaba un kilo y medía 25 cm, se empezó a comercializar varios años después de esa mítica comunicación, en 1983. En el primer año se vendieron en EEUU 300.000 unidades y su valor oscilaba entre los 4.000 dólares que actualizados serán 11.000 dólares, como vemos era algo costoso, muy lejos del consumo popular. Es importante anotar que el mercado de la comunicación móvil requiere la instalación de una infraestructura de red terrestre.  Ese primer celular estaba creado para funcionar con la infraestructura AMPS (Advanced Mobile Phone System) en Estados Unidos, que luego fue extendida a todo el mundo en lo que sentó las bases de la red actual de comunicación, fue la 1G, la red de primera [1]generación.  Otro punto para analizar es la enorme diferencia entre AT&T y Motorola. AT&T tenía el monopolio de la red fija de telefonía en EE UU, era y es una de las empresas más grandes de EEUU, y Motorola, era infinitamente más pequeña. Anotemos aquí que el negocio de la red fija, es decir, el cobro de un abono mensual por el uso de la red terrestre es un negocio que tiene muchísima más rentabilidad que la producción material, ya que involucra un monopolio y un costo de mantenimiento muy distinto (que tiende a reducirse) que el costo de producción (que tiende a aumentar) es decir, la diferencia entre ambas empresas, dada por distintas lógicas de rentabilidad preanuncian los próximos escenarios, como veremos más adelante. AT&T en su carrera por la comunicación móvil había apostado a dispositivos móviles en vehículos, creían que la comunicación con dispositivos más pequeños como el ladrillo de Cooper no eran viables.  Para esta época Motorola sobrevivía por sus contratos como proveedor estatal, de no ser por los contratos estatales, por la participación activa del estado en la investigación, Motorola no habría inventado la comunicación Móvil.

 

 

El mercado de la telefonía móvil.

 

Hasta principios de los 90 Motorola fue el inventor, pionero y único actor del mercado de la telefonía móvil. Los equipos fueron avanzando, reduciendo tamaño y perfeccionando su tecnología, al DynaTAC8000x, le siguieron el 8000s (1985) 8500X (1987), 8800X/8900x, el DynaTAC Classic/ Classic II y ultra Classic (hasta 1993). Pero el salto tecnológico empezó a llegar con la serie Micro TAC, (donde empieza el modelo desplegable, con una tapita que cubre el teclado) compartió mercado con los DynaTAC y luego con la serie Star TAC (el ahora si modelo “Clamshell”, donde el aparato se dobla completamente por la mitad), que reemplazó a las anteriores hacia 1996.


 

Y aquí empezó lo que podríamos llamar, la era moderna de los celulares, cuando ya dejan de ser un objeto suntuoso y empieza su comercialización masiva, entra el gran competidor de Motorola, la empresa finlandesa Nokia, que comercializa el Nokia 1100 y el 5110. Los celulares bajan significativamente su costo y empiezan a ser parte del uso cotidiano, luego va a llegar la posibilidad de los mensajes de texto[2] y en un futuro la posibilidad de enviar imágenes de baja resolución, pero todavía estamos muy lejos de los smartphones. Las redes de telefonía móvil van cambiando de generación, de 1G a 2G (hoy ya estamos pasando al 5G) y hay que observar que representan en sí mismo un negocio aún mayor que la venta de los aparatos mismos. Se configura un mercado de usuarios (relativamente cautivo y monopólico), con líneas pagas, un servicio de abono que requiere que haya cada vez más usuarios con celulares (dispuestos a pagar el costo monopólico de la línea, uso y mantenimiento).Es importante observar que el avance de la infraestructura de la red es lo que permite el negocio de la comunicación móvil. Y esto tiene dos pasos, por un lado, las fábricas de celulares impulsan la construcción de la infraestructura por el negocio de la venta de los aparatos, pero una vez establecida la red, son las empresas que operan la red las interesadas en la colocación de aparatos porque es lo que produce usuarios. Así, estas mismas empresas incentivan la compra, y muchas veces subsidian el costo de los mismos. Los operadores de red empiezan a multiplicarse, y de uno o dos por país que había al principio hacía 2004 ya tenemos casi un promedio de 5 operadores por país. En el rubro de los aparatos entran más competidores, se suma Alcatel, Siemens, Samsung y siguen las firmas. Otro punto a destacar es que durante todo este periodo estos dispositivos se fabrican en los países donde se venden, mayormente en Occidente, Motorola produce en Estados Unidos, Nokia en Finlandia, Alcatel en Francia, Siemens en Alemania y Samsung en corea del sur[3].

 

La innovación tecnológica implicaba también el desarrollo material, en cada país se producía el conocimiento, la ingeniería tecnológica y la producción material que resultaba. Sin embargo, como observe en otro lugar (pantalla del nuevo mundo) algo estaba pasando en el subsuelo, el capitalismo estaba transformando su naturaleza económica y eso empezará a verse en la próxima etapa del mercado, que será también el final de Motorola.

 

 

El RAZR V3, la deslocación, Blackberry y el final del celular analógico.

 

Hacia principios del 2000 se produce una explosión aún mayor del consumo de celulares, no es de extrañar, las redes terrestres empezaron a completar todas las zonas posibles del globo. Llegó el 2G, y el avance de diseño y producción abarató[4], y volvió mucho más práctico el uso de celulares. El precio promedio de los celulares pasó de 2000 USD a 180 USD entre 1994 y 2004. Se estima que en 2004 se vendieron 670 millones de celulares en el mundo, mientras que en 1994 el número estaba en los 50 millones. Y es en 2004 cuando Motorola lanzó el Razr V3, que se convierte rápidamente en unos de los celulares más vendidos de la historia, llegando al apabullante número de 130 millones de unidades vendidas entre 2004 y 2008.


Pero como vengo observando repetidamente en estas notas, la naturaleza industrial del capitalismo occidental se está modificando, y en la industria de la telefonía móvil es donde se verá de un modo más dramático. Las terminales industriales se fueron corriendo durante toda la década del 90, de modo paulatino pero constante, hacia los complejos industriales de china (en los parques tecnológicos de Pekín y Shanghai). No solo la producción de Motorola, Nokia, Alcatel y todas las demás tambien se fueron corriendo a China. Ciertas políticas proteccionistas en América latina llevaron a la creación de plantas de ensamblado en Brasil, Argentina y México pero la tendencia mundial convierte a las empresas estatales chinas en el principal fabricante de celulares en el mundo. El RARZ V3 marca además un punto de quiebre ya que todas las unidades fueron producidas en china y de aquí en más esa será la pauta de producción en el rubro. 

 

Pero paralelamente a este desarrollo del mercado de la telefonía móvil, un mercado de podemos llamar aun analógico, ya que se trataba exclusivamente de la transmisión de sonidos y los entonces revolucionarios SMS, se estaban generando las bases de la próxima revolución tecnológica. Que consiste en la combinación de la comunicación con la internet. Pero para ese salto faltaba aún llegar al desarrollo de la tecnología de procesamiento tal que permita tener una computadora del tamaño de un celular. El primer antecedente de esto fue el BlackBerry 850 que salió en 1999, creado por una Empresa Canadiente, la RIM (Research In Motion) de los ingenieros Mike Lazaridis y Jim Balsillie, se produce en fábricas que la empresa tenía en Canadá y comparte mercado con el resto de los equipos. Pero en rigor no era un teléfono celular sino un dispositivo para enviar y recibir textos cortos e incorporar la incipiente mensajería web (los e-mails). Luego llega el modelo 5810 en 2002, que se incorpora a la red de comunicación móvil, pudiendo ahora sí funcionar como un teléfono celular además de la comunicación por texto. Cuando los mensajes de texto fueron la novedad, BlackBerry estaba en la cima de la tecnología. Pero se mantenía dentro de un nicho de mercado muy exclusivo, dentro los ejecutivos de grandes corporaciones. Alguna vez incluso el presidente de los EE UU Barak Obama, dijo ser un gran usuario de Blackberry. Es sin duda el primer antecedente del smartphone.

 

2008, el momento Iphone.

 

Enrique Dans, un agudo analista del mundo de la tecnología y el avance corporativo suele hablar del momento Iphone, que sería el momento en que una gran cantidad de avances tecnológicos se integran en una síntesis operativa. Dice el amigo Dans “En 2007 ya teníamos correo electrónico, navegación web, cámaras, reproductores MP3 y lo que la industria llamaba en plan optimista «teléfonos con muchas funciones»” lo que consigue Iphone “fue absorber toda esa complejidad y ofrecer algo que realmente se podía utilizar” y “El iPhone no fue importante por añadir una función más; lo fue porque dejó de exigir al usuario que se preocupe por cómo funcionaba todo aquello.” La clave aquí es la integración de un gran conjunto de funciones en un todo operativo, el smartphone. Si el Blackberry fue el primer teléfono con un microprocesador, el Iphone fue la primera micro computadora moderna que funcionaba como teléfono, con todas las funciones operativas e integradas de una computadora que se podía conectar a la red móvil. La historia del Iphone empieza en 2004 (sin duda el año bisagra en toda la historia de la comunicación móvil) cuando Steve Jobs reúne a los principales ingenieros de Apple para el llamado “proyecto purple” cuyo objetivo era superar el Blackberry, reemplazando el teclado físico y los lápices ópticos de algunos dispositivos por una pantalla táctil, el objetivo inicial no era un teléfono móvil sino desarrollar una tablet[5] (la que luego será la IPad). El impresionante desarrollo del mercado de la telefonía móvil sin duda lo inclinó hacia la búsqueda de un smartphone. Steve Jobs encarna sin duda el imaginario actual del empresario norteamericano, un tipo que desde un lujoso piso en Manhattan diseña en su computadora la tecnología que será producida en china y vendida al mundo. El embolsa las gigantescas ganancias mientras en EEUU sólo habrá trabajo para diseñadores, desarrolladores, logística tercerizada y empleados de atención al público, el desarrollo material y la producción física en sí, queda bajo responsabilidad del modo de producción asiático[6], todos los iPhone fueron y son fabricados en el complejo chino de Shenzhen. Apple además desarrolla al extremo el concepto comercial del “jardín amurallado”, un sistema totalmente cerrado de recursos y usuarios que no pueden operar fuera del sistema, es importante pensar esto, porque aquí se plantea nuevamente la contradicción entre el negocio del servicio monopólico de la red (en este caso la condición de acceso de usuario apple) y la producción material de los aparatos en sí.


El Momento IPhone se produce en 2007, cuando Steve Jobs, con jeans y una polera negra, desde el escenario del Moscone Center, presenta el IPhone 1. La presentación forma parte de un símbolo mediático moderno, desde la imagen de Jobs, hasta el auditorio y la presentación del futuro en una pantalla de cine. En muchas películas veremos escenas parecidas. Visto hoy, todas las innovaciones (sorprendentes para ese momento) ya forman parte del uso cotidiano de cualquier teléfono móvil.

 

Android, la capitulación material con China.

 

Pero el lanzamiento de Iphone 1, hay que decirlo estuvo lejos de representar una revolución, la venta total de a nivel global del Iphone llegó a los 6.1 Millones de unidades, comparados con los 130 millones del Rarz, no se puede hablar de revolución. En EEUU, la apabullante venta de los primeros meses acusó el primer millón de unidades, en un país con una población de 301 millones de personas para 2007, nos da una pista del mercado al que se dirigía. Se trataba de un consumo suntuoso, era un artículo de distinción social, como todo lo que integraba el circuito de Apple, estaba dirigido a los estratos más altos de la sociedad[7]. En rigor ocupó un espacio de consumo en los niveles altos de la sociedad norteamericana primero, y mundial después. Un dato interesante también es que el IPhone 1 venía con un contrato de exclusividad para la red de AT&T, como vimos antes el principal monopolio de operadoras de red terrestre en EEUU y su lanzamiento estuvo restringido al mercado norteamericano y en algunos países europeos. La verdadera revolución de los Smartphone llegó con Android, ahí fue cuando la experiencia de comunicación móvil cambió para siempre y transformó las prácticas sociales.

 

El sistema operativo Android fue desarrollado por Google, sobre la base de Linux con el objetivo de integrarlo gratuitamente a todos los dispositivos que quieran usarlo, y es lo que permitió que toda la tecnología dispersa en los distintos aparatos pueda unificarse como lo había hecho en iPhone.


De algún modo, Android consiguió que el resto de los smartphones estuvieran a la altura del IPhone.  El negocio de Google era producir usuarios, por cada celulares Android hay un usuario nuevo de Google para cualquiera de los servicios que ofrece, dentro de su sistema de multiplataforma abierto.

 

Y el primero en picar en punta en esta carrera fue la empresa Surcoreana Samsung, que, en 2009, lanzó el modelo i7500, el Samsung Galaxy, ya dentro del ecosistema Android y se convirtió en el principal competidor de Iphone en el sector de consumo premium. En 2011 Samsung acusa ventas de 40 millones de unidades, mientras que IPhone llegó a 93 millones[8]. Pero el total de los celulares dentro del entorno Android supera ampliamente a IPhone, llegando a los 240 millones de unidades vendidas para ese año[9]. Detrás de todo esto se acrecienta la dependencia industrial con China, para este momento, salvo la excepción de corea del sur y las plantas de ensamblaje de américa latina, prácticamente todos los aparatos se producen en china. Y acá podemos decir que en rigor Apple nunca fue un fabricante de celulares, creó un diseño y un ecosistema de usuarios para un producto que fabricaba bajo contrato en china (con una narrativa de control de calidad y supervisión tecnológica), pero la producción material (con el progreso productivo y la apropiación de tecnología que eso implica) fue una realidad para china y el partido comunista. Los planes quinquenales 11 y 12 de la República Popular China tienen como objetivo el desarrollo de semiconductores, pero ya desde el plan quinquenal 6, el desarrollo de tecnología electrónica es una prioridad de la industria china. La explosión mundial del consumo de los dispositivos móviles fabricados casi exclusivamente en China es resultado de esas políticas. Occidente ahora apenas diseña el software, formato material, y las especificaciones técnicas de todo lo que se va a producir en China, pero mantiene (por el momento) el control comercial y financiero de toda esa producción. El sistema Android también está integrado al resto de los dispositivos inteligentes que vienen de china, desde los televisores, hasta la Tablet de marcas genéricas chinas y cualquier otro dispositivo que requiera un sistema operativo, y será también el sistema elegido por las marcas chinas cuando salgan al mundo a ofrecer los mismos productos que fabrican por encargo. Siguiendo a Dans, podríamos hablar del “momento Android”, como el momento en que occidente ofreció el ecosistema de usuarios que precisaba la industria tecnológica china para salirse del cerco comercial de las multinacionales occidentales, liberando así una descomunal producción que invadió al mundo.

 

Google y Lenovo.

 

El curso natural de los acontecimientos de la economía occidental relegó la ganancia industrial en beneficio del capital financiero y comercial (el nunca analizado sector de servicios). En ese escenario la producción material que era el corazón de Motorola, estaba destinada a desaparecer. A medida que la producción se fue consolidando en China, la dimensión de las empresas occidentales de celulares se fue reduciendo, y cada vez más se fueron asimilando al modelo de Apple, una empresa que manda a producir a china manteniendo el diseño y control comercial. Pero para poder mantenerse en ese nivel es preciso liderar realmente el campo de la innovación. Y es que el diseñador compite también con el fabricante chino. Es preciso estar todo el tiempo un paso adelante para controlar el negocio, hay que hacer siempre algo nuevo que las fábricas chinas no puedan reproducir sin instrucción[10]. Nótese lo precario de la situación, el día que los cerebros de diseño pierdan la creatividad o la capacidad innovadora ya no tendrán nada que ofrecer para liderar el negocio. Motorola no pudo entrar en esa competencia por la innovación, se incorporó al ecosistema Android y quedó en desventaja con cualquier fabricante chino. También hay que observar que una parte del proceso de innovación sucede en la fabrica y el taller, porque es ahí donde los ingenieros, en contacto el mundo practico, con los problemas materias de la producción pueden explorar combinaciones creativas y novedosas no solo para los problemas que se presentan en la producción sino también producir un conocimiento que va mas allá de la producción puntual. Los mas grandes ingenieros y muchos de los más revolucionarios inventos nacieron en los talleres, en las fábricas. Es decir, que, al transferir el escenario de producción a china, se ha transferido una parte del contexto donde la innovación también se genera[11].

 

Mientras esto sucedía los estados occidentales se iban retirando de la conducción económica. Donde antes el estado se preocupaba por articular una sinergia de desarrollo industrial que vincule la investigación, desarrollo y producción (como vimos en el nacimiento de la comunicación móvil), algo que indirectamente hacía crecer un mercado de consumo interno, ahora simplemente dejaba hacer a un sector privado que obtiene ganancias extraordinarias mientras deja de producir. La desinversión industrial occidental (y norteamericana en particular) es proporcional a las ganancias del sector financiero y comercial que mediante el mecanismo de servicios monopólicos y semipermanentes capturan la riqueza que antes se repartía socialmente. La sociedad es cada vez más pobre, pagando altos costos de subsistencia mientras un sector cada vez más reducido de personas se enriquecen sin límite y lo hacen en una conexión cada vez más profunda con los estados a los que dicen odiar[12].

 

Naturalmente las ganancias de Motorola se fueron reduciendo cada vez más y en 2012 fue vendida a Google por 12.500 Millones de dólares. Antes de esto Motorola ya se había desprendido se su línea de audio automotriz (en 2006) y se había dividido en Motorola Solutions (dedicada a servicios corporativos) y Motorola Mobility (dedica a la telefonía Móvil). La adquisición por parte de Google tenía como objetivo obtener una serie de patentes sobre desarrollos que tenía Motorola y Google temía que comprometan el futuro de Android. Poco tiempo después la empresa china Lenovo[13] adquiere Motorola por 2.900 millones de dólares y con esto se cierra completamente el círculo de la estrategia china por el acceso al mercado mundial de telefonía. Ya que Lenovo no compra una fábrica de celulares, compra una posición comercial internacional. Lenovo, como todas las empresas chinas tienen una fuerte participación estatal y, en consecuencia, no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que la compra de Motorola responde a una política estatal para acceder a los mercados internacionales[14]. La parábola cierra completamente y describe como pocas cosas la actualidad del capitalismo occidental. Motorola, una empresa pionera en el desarrollo tecnológico y material norteamericano, convertida hoy en el cascarón de proa del avance de las empresas estatales chinas en EEUU primero y en el mundo después.

 

 

 

 



[1] Esa primera llamada tiene un punto interesante para pensar. Porque no existía hasta entonces red de telefonía móvil, Cooper instaló una suerte de red limitada, clandestina, en la proximidad de su caminata (en la sexta avenida), con la que capturó la frecuencia de su comunicación y desde una estación base temporal vinculó la comunicación a la red fija, que pertenecía, justamente, a la firma AT&T. Eso explica cómo fue posible esta comunicación cuando no existía la infraestructura necesaria para la telefonía móvil.

[2] Los primeros mensajes de texto en 1993, pero entonces solo se podía entre algunos aparatos dentro de la misma compañía de línea, en 1999 el servicio se normaliza para todos los usuarios.

[3] De todas estas empresas, la única que mantuvo su producción en su país de origen fue Corea del Sur.

[4] El precio promedio de los celulares pasó de 2000 USD a 180 USD entre 1994 y 2004.

[5] La narrativa sobre Steve Jobs, siempre muy literaria, cuenta que Jobs vio que la industria de los teléfonos móviles era muy mala y necesitaba una revolución.

[6] Se suele decir que este esquema de producción envió al complejo industrial chino toda la industria sucia, las manufacturas de baja rentabilidad y magros salarios. se dice incluso “quien quiere trabajar 8 horas en una fábrica de acero” pero quienes opinan así son integrantes de clases media alta, de raíces familiares con profesiones liberales que ciertamente nunca hubieran trabajado en una fábrica, a los obreros de clases bajas con formaciones técnicas que habían trabajado en esas actividades no se les dejo opinar, simplemente se los dejo sin trabajo. 

[7] El costo del IPhone 1, era de 599 Usd, a plata de hoy serían 980 usd.

[8] En los números de venta de IPhone hay que pensar que en muchas ventas se deben a migraciones de modelo, es decir, no todas las ventas implican nuevos usuarios.

[9] Los guarismos para 2024 arrojan una relación de 900 millones Android y 220 millones iPhone.

[10] Un punto importante en esta carrera por la innovación es la pertenencia y conocimiento del mercado donde se colocan los productos, los fabricantes chinos no conocen de primera mano los usos y costumbres de los consumidores de sus productos porque producen para países con distintas culturas (e incluso distintos modelos económicos), lo que otorga al diseñador un expertise especial, en tanto funciona como vínculo de una necesidad y un producto. Se pueden buscar muchos ejemplos, uno puede ser las pavas eléctricas chinas que se exportan a argentina con la función de temperatura para mate (incluso vienen con el dibujo del mate), cuando sabemos muy bien que en china no se toma mate.

[11] James Watt, el creador de la máquina de Vapor, llego a su invento reparando maquinas en un taller mecánico, el mismo Galvin creo su “eliminador de baterías” reparando radios en su taller y podríamos decir que el fuerte expertise que la industria china ha logrado en la producción de autos eléctricos guarda relación con el desarrollo de sus fábricas de electrónica. Si la mayoría sino todos todos los productos electrónicos que circulan en el mundo se producen en China por qué habría de sorprendernos que la especialización de autos eléctricos también se haya desarrollado en China.

[12] Es digno de observar cómo está dirección económica hacia el beneficio de sector improductivo materialmente, pero con una extraordinaria rentabilidad artificial es la característica natural de los países tercermundista más pobres.

[13] Lenovo originalmente se llamaba Legend y resulta de la evolución de un centro de investigación estatal chino de la ciudad de Beijing en 1984. En 2003 cambia su nombre a Lenovo (combinando la “le” de su primer nombre y “novo” del latín que significa nuevo) la vinculación estatal que la incluyo dentro de los planes quinquenales de desarrollo de tecnología y la avidez de sus fundadores, Liu Chuanzhi y Danny Lui llevaron a la empresa a pasar de importador y distribuidor de componentes de IBM y HP al desarrollo de tecnología y convertirse en uno de los mas importantes fabricantes de electrónica de China. Curiosamente cuando uno busca en internet información sobre la empresa, encuentra un montón de información sobre su vida corporativa (adquisiciones, fusiones, cotizaciones en bolsa) pero poco o nada sobre su naturaleza industrial (fabricas, producción, cantidad de obreros), no vaya a ser que algún obrero desempleado norteamericano o europeo descubra que los celulares que usa generan trabajo en un país que no es el suyo. Como todas las empresas Chinas Lenovo afirma ser una empresa privada sin participación estatal. Obviamente es una afirmación necesaria para participar en un mercado occidental donde es reprimida toda voluntad estatal de progreso. En China la propiedad privada fue abolida por Mao Zedong en 1956, y se permitió un régimen de propiedad mixto a partir de las reformas de Deng Xiaoping pero el estado participa activamente de la conducción económica y tiene control directo o indirecto en todas las empresas, Lenovo no es la excepción.

[14] La compra de Motorola por Lenovo se puede sumar a una larga lista de adquisidores de fabricantes chinos sobre empresas occidentales que al momento de la compra apenas detentan una posición comercial en plena decadencia industrial. A la lista se pueden sumar las marcas automotrices Volvo Cars (de Suecia) comprada por Geely, la marca MG Rover (automotriz británica), comprada por SAIC Motors; la multinacional de semillas y agroquímicos Syngenta (Suiza), comprada por ChemChina. Tambien Chemchina compro la fábrica italiana de neumáticos, Pirelli; también la fabrica norteamericana de electrodomesticos y línea blanca GE Aplicances fue comprada por Haier Group.  

domingo, 20 de septiembre de 2026

El dilema del talento.




Hay un dilema que puede atravesar nuestras vidas
en distintos niveles y formas. Podría resumirse en la siguiente pregunta ¿qué pasa si no somos buenos en lo que más nos gusta hacer? Ya sea jugar al futbol, dibujar o armar roperos, no importa la actividad, se trata en el fondo, de un triste descubrimiento: la falta de talento. Enfrentado a esto, aparece una necesidad, la de llevar a cabo esa tarea en la que no somos buenos, ya sea por el placer que nos produce hacerla (aunque sea mal) o bien por algún particular empeño u obsesión que tenemos.
  Surgen entonces dos caminos, llevar a cabo la tarea sin importar los resultados (jugar al futbol, dibujar, o armar muebles) tan solo teniendo en cuenta nuestra íntima necesidad de realizarla, o abandonar el asunto, dedicando nuestras fuerzas y energías en algo para lo que estemos más aptos.

Conviene observar aquí que el talento es un bien relativo, ¿cómo sabemos que alguien tiene talento? Hay un aspecto objetivo, primero el talento siempre es una función de alguna acción, es algo que interviene en el hacer sumándole una calidad extra. No es solo una facilidad de la práctica (nos cuesta menos dibujar) sino que es también una propiedad del resultado (nuestros dibujos son comparativamente mejores que otros dibujos). Después hay un aspecto exterior, la percepción expresada en la mirada de los otros, aquellos que advirtieron el talento. Este aspecto, la percepción del talento, es casi una disciplina en sí. En no pocos ámbitos existen "los buscadores de talentos" (ya sea, deportivos, artísticos o profesionales de todo tipo), gente que se dedica a buscar entre las personas, aquellas que posean esa cualidad extra que puede marcar la diferencia. Y el tercer aspecto es el éxito, que toma distintas formas según la actividad en la que busquemos. Pero el éxito está fundamentalmente ligado al resultado de la acción (el dibujo, el mueble, el libro) en su campo especifico. Si el jugador sale campeón, nadie podrá dudar de su talento, lo mismo para el dibujante que consigue vender sus dibujos a buen precio. Un aspecto asociado al éxito es el reconocimiento, se puede no ser exitoso en términos de la actividad misma, y sin embargo ser reconocido por otros actores del campo. Son los colegas de los grandes artistas que reconocen a un maestro a pesar que no tenga éxito comercial.

Esto se pone interesante cuando alteramos las variables, cuando, por ejemplo, está el éxito, pero falta el talento. El dibujante que no es bueno, pero vende todos sus dibujos, el jugador que juega mal pero sale campeón. O la variante más trágica, la presencia del talento, pero la ausencia del éxito, el dibujante talentoso que nunca pudo vender un dibujo, el jugador excepcional que nunca ganó un campeonato. Aparece aquí la complejidad del mundo, con sus múltiples variables alterando el esquema de TALENTO - ACCION - EXITO/RECONOCIMIENTO.


Los elementos de este esquema están tan conectados que la ausencia de alguno podría hacernos creer la ausencia de otro, así, la falta de reconocimiento podría llevarnos a pensar que no tenemos talento. Y hay un factor extra, externo, cuya presencia garantizaría el funcionamiento del esquema: el golpe de suerte. Así, habría jugadores talentosos que no tuvieron suerte y otros no tan talentosos que, tal vez, habrían tenido demasiada.

Todo este que esquema, que deviene de esa pregunta inicial, cobra vital importancia cuando lo llevamos al campo del arte. Ahora ya es una pregunta específica con una enorme dosis dramática, ¿qué hacemos si descubrimos, objetivamente, que hay artistas mejores que nosotros? ¿abandonamos el arte, nos dedicamos a otra cosa? ¿nos vamos a dormir? Podemos decir que no nos importa si somos buenos o malos, si tenemos éxito o reconocimiento, que lo hacemos porque nos gusta hacerlo. Pero a diferencia de otras actividades donde los demás no importan, el arte tiene la característica de que forma parte de un tipo especial de comunicación. Todo artista necesita de algún modo que alguien lea su obra, que escuche su canción, que mire sus dibujos, que entienda, que disfrute su arte. Y, en un sentido aún más trágico, todo artista necesita, hablar, decir algo a través de su obra. El arte conviene que recordemos, es esencialmente una actividad social. Y ahí es cuando no podemos irnos a dormir, tenemos que a responder al llamado del arte.

Así llegamos, por fin, al mundo apocalíptico de Bulma Jimenes, la historia donde el historietista Brian Janchez habla sobre lo que, suponemos, necesita decir. Una guerra mundial destruyó las comunicaciones, el mundo retrocedió en el tiempo, los medios gráficos vuelven a tener relevancia y lo que había dejado de importar resulta ser el centro de todo: Las Historietas. En ese mundo Bulma tiene un sueño, quiere ser historietista, y principalmente, vivir de hacer historietas, pero tal vez no tenga el talento o la suerte para conseguirlo.


En el mundo de Bulma, ser historietista es tan difícil como en el nuestro, y se encontrará con los dilemas que atraviesan toda actividad artística, la falta de éxito y de reconocimiento, las fronteras que hay que cruzar, los sacrificios que hay que hacer para llegar a los demás. El difícil camino del arte que puede concluir en una insuperable frustración, el sacrificio sin recompensa que todos sentimos en algún momento y que a todos nos puede vencer. Y en medio de todo esto se esconde el peligroso descubrimiento de la falta de talento. A su vez, en la lógica de Bulma no se presenta el sentido trágico del mensaje, el llamado del arte, la necesidad de decir, ella solo quiere hacer historietas y vivir de ellas, ese vacío la aleja de la épica, pero la acerca más a lo humano. Es grotesca, torpe, y a veces mezquina, pero esencialmente humana.

Sobre Brian Janchez, la mente y las manos detrás de esta historia, podemos decir, que se trata de un artista excepcional. Que no deja de superarse. Que cuestiona y se cuestiona. Y lo encontramos aquí en plena madurez artística, manejando con destreza recursos que adquirió y fue inventando en sus obras anteriores. Janchez, con un estilo ya propio maneja los ritmos de la narración y administra esos recursos de acuerdo las necesidades del relato, así alcanza niveles poéticos de alta sensibilidad y momentos absurdos cuando los personajes, esos personajes humanos tan alejados de toda épica, lo ameritan. Las tres historias que integran el libro tienen a Bulma como protagonista y ese dilema del arte como trasfondo de la búsqueda de un sueño. Ya lo dije, Bulma quiere vivir de hacer historietas, pero su sueño se vuelve esquivo, incluso en ese mundo apocalíptico donde las historietas lo son todo.

El libro se puede conseguir en comiquerías y librerías. Edita Duma, por supuesto.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Desinformación desde abajo.

 


Se ha dicho en este espacio, con repetida frecuencia, que los medios de comunicación operan en la construcción de realidades, instalan ideas, sentidos y producen cultura. Eso sí, esa producción de cultura sucede dentro de un mecanismo más complejo, donde participan también otros actores (las instituciones en todas sus formas estatales, privadas o sociales, y los mercados culturales, el arte, las manifestaciones sociales). El segundo movimiento de este poder de los medios sobre la producción de realidad, es el descubrimiento, de que los medios no son inocentes sobre la realidad que producen, tienen intereses económicos que se traducen en ideologías políticas, líneas editoriales. El tercer movimiento es comprender que los medios, cuando responden a sus intereses: mienten. Ocultan hechos, deforman la información que presentan, esconden contextos, censuran opiniones y voces. La famosa frase del Goebbels, el líder de la propaganda Nazi era “miente, miente y algo quedara”, lo que siempre hay que tener en cuenta es que cuando Goebbels habla de mentir, el emisor de la mentira, el que mentía para que algo quede, eran los medios, era el diario, la radio, el cine, y más tarde la televisión. Y lo que quedaba es una cultura construida con mentiras.

 

Planteados ya estos postulados iniciales, quiero avanzar ahora, pensado a los medios de comunicación ya como herramientas dentro de algo que podemos llamar estrategias de engaño, cuyo fin es la desinformación, una desinformación intencionada y dirigida hacia ciertos objetivos económicos y políticos. Así voy a plantear tres modelos de desinformación. El modelo fascista, que se origina dentro de los gobiernos fascistas (Mussollini y Hitler); un segundo modelo, modelo de transición, que hace pie en las narrativas de conspiración, pero que se vincula con un largo recorrido histórico y reconfigura al sujeto receptor y, por último, el modelo viral que sería el mecanismo actual para las estrategias de desinformación.

 

El modelo Fascista.

 

Es sabido que Guillermo Marconi (1874 - 1937) a quien se atribuye la intención de la radio fue un asiduo militante del régimen fascista de Mussolini y una de las novedades históricas del fascismo fue justamente la incorporación de la radio como instrumento de propaganda política, junto con la prensa gráfica y el sistema educativo más el resto de las instituciones estatales, el fascismo italiano construyó un régimen perfecto de desinformación y propaganda.


Ese sistema perfecto de circulación de contenidos tóxicos (mentiras) fue después o casi simultáneamente perfeccionado por el nazismo, que incorporó el cine. El nazismo es históricamente contemporáneo al fascismo, pero le es deudor de algunas de sus prácticas comunicacionales.

 

Ahora bien, mucho antes de la llegada de la radio y el cine, las noticias (información, o contenido) circulaban por dos vías. Lo que podríamos llamar circulación de comunicación oral, un “boca en boca” de distintos sujetos, y el otro camino fue la circulación de textos. La oralidad no nos introduce aún a una ciencia de la comunicación, pero sí, a una idea de transmisión más lenta del mensaje, ya que tiene que pasar de sujeto a sujeto para poder abarcar una población. Esto empieza a cambiar con la llegada de lo que llamamos, ahora sí, medios masivos de comunicación.

 

La prensa gráfica introduce mayor velocidad relativa a la circulación de textos, que antes de la reproducción técnica, se transcribían a mano y su circulación estaba restringida a quienes podían leer y podían acceder a los manuscritos. A esto hay que sumarle una mediación logística, el mecanismo con el cual el soporte físico del texto pasaba de mano en mano. El primer paso entonces es la reproducción técnica de un texto, primero el libro, luego la reproducción a gran escala, la prensa, el diario, que además involucra una sistematización de la logística de distribución, lo que reduce el tiempo de llegada. La radio introduce a esta realidad, mayor velocidad relativa. Acá tenemos la primer variable a tener en cuenta en todo este recorrido que propongo, la velocidad del contenido tóxico.

 

La segunda variable es la centralidad, la principal característica del modelo fascista de desinformación es que responde a un mecanismo centralizado de producción de contenidos tóxicos y un actor específico que lo coordina, el estado fascista. Así funcionaba el fascismo con sus ministros de propaganda, que producen las líneas generales de interpretación de realidad y los hechos que debían ser contados o deformados para acomodar la percepción social a la ideología del partido. Es importante aquí, observar que el esquema de comunicación es de un único emisor y millones de receptores, incluso si la propaganda se emite por distintos medios (radio, prensa, cine) el emisor era siempre el mismo (el estado fascista). Hay que observar que se trata de un modelo desde arriba, la desinformación viene siempre desde un poder concentrado con control de recursos y medios y con una coordinación central de los contenidos que funcionan como un todo.

 

Luego de la segunda guerra mundial, los medios de comunicación empezaron a disfrazarse de democracia, se introdujeron a la industria del entretenimiento, y empezaron a formar parte de un aparato privado, y en muchas ocasiones paraestatal de producción de ideología.

 

Modelo de transición y las narrativas de conspiración.

 

No es cierto, por otro lado, que la desinformación fuera propiedad de los medios de comunicación. Desde que existe la humanidad, existió la mentira y desde que existen las disputas sociales (políticas y económicas) existen también estrategias de desinformación. Voy a citar al menos dos ejemplos de campañas históricas de desinformación y engaño. La últimamente famosa “leyenda negra”, una narrativa auspiciada por el imperio inglés contra España. Y otra “Los protocolos de los sabios de Sion.”

 

En el primer caso una serie de textos (no necesariamente falsos) denunciaban los ultrajes de los conquistadores españoles en América. Estos ultrajes no eran menos graves o terribles que los que llevaron a cabos los ingleses, holandeses o franceses en África (donde además instauraron un sistema de esclavitud racial, cosa que los españoles no hicieron con las poblaciones americanas) pero estos textos sobre los ultrajes españoles fueron magnificados en el marco de las disputas imperiales. Inglaterra estaba jugando sus intereses en los territorios americanos e intervino en las disputas internas de España para llevar a cabo una campaña de difamación.  La historia de la leyenda negra puede iniciarse en el texto “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” escrito en 1542 por el fray Bartolomé de las Casas. Donde el fraile domínico describe críticamente las prácticas coloniales del imperio. El texto estaba dirigido a la corona española con el objetivo de cambiar las prácticas denunciadas. Tuvo como resultado un debate interno dentro de las autoridades reales y ese mismo año se promulgaron las “Nuevas leyes de Indias” que buscaban mitigar los excesos y abusos de los conquistadores. Sin embargo, el texto fue tomado por el imperio inglés, traducido y publicado en Inglaterra y Holanda y sirvió como propaganda anti española. Es importante observar aquí que su circulación estaba por fuera de los canales estatales (o en este momento reales) eran publicaciones privadas que se difunden con una indiferencia cómplice del estado.

 

En el segundo caso, un texto de dudosa procedencia, narra un misterioso encuentro de poderosas e influyentes personalidades de identidad desconocida, pero de conocido origen étnico (judío), donde elaboran un plan para del dominio mundial. El texto original data de 1902, fue confeccionado en la Rusia del zar Nicolás II, producto de la policía secreta al mando de Pyotr Rachkovsky que buscaba con la difusión del texto redirigir el descontento popular que había en la sociedad. Investigaciones posteriores demostraron que trataba de una reescritura de un folletín político francés escrito en 1864 por Maurice Joly cuyo título era “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, donde el autor criticaba a Napoleon III. La policía rusa cambió los nombres y lo publicó en un diario de ultraderecha llamado Znamya en 1903. Luego el texto empezó a circular en la Italia de Mussolini y funcionó como antesala de las narrativas estigmatizantes que luego justificaron las leyes raciales.


El texto tiene una supervivencia en el sentido durkheimiano. Autonomizada, exenta de su función original, circula aún, de manera irregular, entre sujetos de distintas nacionalidades. Por otro lado, el texto es un ejemplo claro de la estructura básica de toda teoría conspirativa, un grupo secreto de personas conspira contra el orden establecido, generando explicaciones a ciertos acontecimientos. Los hechos de la realidad entonces revelan una naturaleza oculta, siniestra, que responde al hacer de estos conspiradores.

 

Estás campañas de desinformación extraoficial, irregular empiezan a presentar elementos que requieren un análisis. Primero presentan una lógica de circulación descentralizada, el emisor del contenido no tiene un significativo poder de llegada, su capacidad de difusión depende de la acción multiplicadora del receptor, del boca en boca. Estos contenidos tóxicos circulan de persona en persona, son desinformaciones militadas por los sujetos receptores.

 

El primer dato, entonces, es la capilaridad de la información y el segundo es, que empieza a aparecer un consumidor interesado en el contenido. En el modelo fascista, el receptor es un sujeto indiferenciado, se desinforma a la sociedad, que funciona como un conjunto de receptores pasivos. En cambio, estas narrativas requieren de un individuo consumidor activo, que milita el contenido, que los difunde de manera irregular. Por eso es que estás narrativas tienen una sobrevida a su origen. Y al mismo tiempo tienen menos velocidad, ya que requieren la experiencia de consumo, el contenido debe ser interiorizado antes de circular y la circulación depende de los tiempos irregulares del boca en boca. Lo que tarda cada sujeto en encontrar un “otro” con quien compartir la información.

 

Existen pocos estudios sobre las teorías conspirativas, tal vez por su naturaleza apócrifa e irregular, nadie ha considerado que merezcan alguna atención científica. Recién luego de la pandemia, que parece haber habido cierto auge de estas narrativas, han empezado a interesar a algunos estudiosos. La psicóloga norteamericana Karen Douglas, ha realizado un interesante trabajo al respecto. Pero se ha centrado en los motivos psicológicos que llevan a los individuos a creer en estas teorías. Así habla de tres tipos de motivos, los motivos epistémicos, la necesidad de los individuos de conocer la verdad, de saber que ocurre detrás de los hechos conocidos. Luego están los motivos existenciales, que remiten a la necesidad de saber que hay una lógica detrás de las cosas que suceden, que no es todo azar, que alguien, aunque sea para el mal, está moviendo los hilos de las cosas. Y finalmente están los motivos sociales, que refieren a cierta necesidad de las personas de estar por encima de los demás. En este caso ese estar por encima tiene que ver con saber algo que los demás ignoran, el que cree en las teorías conspirativas creer sabe algo que los demás no, está libre del engaño y por tanto está por encima de los demás. No es parte del rebaño engañado.

 

Aunque en este caso no es central el análisis individual, si resulta necesario destacar este punto de la nueva naturaleza del receptor de la desinformación. Aquí hay individuos diferenciados que establecen una relación personal con el contenido tóxico.

 

El modelo de transición se caracteriza por una indefinición de los mecanismos de circulación y de los actores interesados en la desinformación. Hay que tener en cuenta que luego de las experiencias del fascismo y el nazismo, la sociedad civil comenzó a formar mecanismos institucionales para el control de la propaganda estatal y articular, a su vez, mecanismos de control sobre la comunicación privada. Pero los sectores políticos que hacían uso del estado para sus intereses viraron a mecanismos difusos de propaganda a través de los medios. Estos mecanismos se disimularon como lógicas de mercado y conforme avanza el modelo se van configurando como multimedios. El actor principal de este modelo de desinformación ya no es el estado fascista, sino los multimedios privados, que funcionan como el estado fascista con su centralidad y coordinación. Hacen uso de campañas difusas de comunicación descentralizada para disimular sus posiciones. Esta mecánica la hemos visto y analizado muchas veces, información confusa o de dudosa confiabilidad, con fuentes secretas, viene a instalar determinadas narrativas que curiosamente coinciden con los intereses de los grupos económicos dueños de los medios. Se articula entonces un diálogo coordinado entre todos los emisores de los distintos eslabones del multimedio para construir el relato completo, un todo orgánico que funciona como realidad. Es interesante observar aquí que en este momento la velocidad de viralización era muy baja en relación a la velocidad de comunicación de los medios, entonces era preciso crear un artificio de cobertura para forzar la viralización del contenido tóxico en los tiempos en lo que se lo necesitaba. Así, las cámaras de la televisión llegaban con anticipación a lugares donde sucesos impredecibles sucedían y se podrían transmitir a través del multimedio. Es decir, los medios conocían de antemano los acontecimientos que iban a suceder. 

Un ejemplo de esto lo podemos encontrar en el caso de “Las valijas de Lopez”, el 14 de junio de 2016, el senado argentino iba a votar los polémicos pliegos de dos jueces de la corte suprema, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, quienes habían sido nombrados por decreto del presidente Macri (en un caso único en la historia de la argentina moderna) y tenían estrechos vínculos con el Grupo Clarín. El gobierno de Macri no contaba con los senadores suficientes para la votación. Ese mismo día a por la madruga un ex funcionario del gobierno anterior (José López) fue encontrado por la policía en el “Monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima, ubicado en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires.” en un presunto escape con un botín robado. durante el transcurso de la mañana por los distintos medios del Grupo Clarín se vieron imágenes del ex funcionario arrestado, bolsos, una ametralladora y un montón de opiniones sobre la espantosa corrupción del gobierno anterior. La cobertura del acontecimiento sucedido ese mismo día tuvo tiempos impropios del periodismo que, a una velocidad asombrosa, tuvo acceso a imágenes de todo tipo para ilustrar la noticia. La principal de todas fue la de López arrestado con chaleco antibalas, también había fotos de la ametralladora, las valijas y de la plata. Como se puede observar los elementos necesarios para construir con imágenes la narrativa del ladrón y el botín. Mas tarde se argumentó que la policía venia siguiendo los pasos de López, pero nunca se supo, ni siquiera en el juicio posterior, las distintas instancias de investigación que llevaron a esa “persecución policial” tan convenientemente cinematográfica. Pocas semanas después “se filtraron” videos de la cámara de seguridad del convento, donde se puede ver a López entrando las valijas al convento. La justicia argentina permite bajo la figura de “enriquecimiento ilícito” penar a cualquier argentino que no pueda justificar la portación de dinero, esa fue la condena final de López[1]. Es decir, si la policía seguía los pasos de López desconociendo todo tipo de detalle sobre el dinero robado (origen, procedencia delictiva) lo único que queda por pensar es que estaba siendo perseguido políticamente y sus perseguidores tuvieron la fortuna de que sea efectivamente un criminal. La ametralladora era el único elemento real porque el fue arrestado, por portación de arma de guerra. Arma de guerra que por otro lado tampoco se aclaró como llego a sus manos ni de donde provenía, siendo además que López no tenía vínculos ni experiencia en armamento de ningún tipo. También uno podría pensar que López formaba parte de una operación mayor, quiero decir, alguien le dio la plata y la ametralladora para que la lleve al convento. Lo cierto es que el escándalo público, sirvió como presión al partido opositor que termino aprobando ese mismo día, los pliegos de los jueces que había nombrado por decreto el gobierno para conveniencia del multimedio Clarín.

 

Defino este modelo, como modelo de transición, ya que aún mantiene la centralidad y coordinación del modelo fascista, pero empieza a incorporar contenidos tóxicos de naturaleza irregular, apócrifa, difusa, que requieren la participación de los receptores de los mensajes para resultar efectiva. Tiene entonces aún la estructura comunicacional del modelo fascista (centralidad, coordinación) pero se empiezan a observar componentes que serán exclusivos del modelo viral.

 

 

El modelo viral, la mentira en la red.

 

La evolución de las dos variables que observamos da lugar al tercer modelo. A saber, la velocidad de la información y la participación del receptor, constituido ahora como sujeto de consumo. Así el tercer modelo, el modelo viral, depende de la acción activa del individuo. Y para que esto pueda ser posible es necesario un fenómeno concurrente, que son las nuevas formas de comunicación que surgen a partir de los dispositivos móviles. Los celulares y la conexión online a través de redes sociales traen una velocidad inédita para la circulación de contenido tóxico. La mentira llega a nuestras manos en forma de contenido virtual antes que la radio y la televisión fascista empiece a emitir. Las redes, además, habilitan y estimulan la participación individual convirtiéndo al sujeto en participante activo de los mecanismos de circulación. Es el sujeto que hace circular de boca en boca (de posteo en posteo) la desinformación, por eso este último modelo se diferencia del modelo fascista por su capilaridad, la desinformación viene desde abajo. Es la población a desinformar la que produce su propia desinformación.

 

De este modo, el modelo viral incorpora de la experiencia de las narrativas de conspiración la participación activa del individuo, al que transforma en consumidor creyente y difusor. Y en medio de la crisis de los tiempos de llegada de los medios tradicionales, algo que he observado en un texto anterior, encuentran nuevos modos de distribución para los contenidos tóxicos. La mentira, como las teorías de conspiración se viralizan, pero en términos digitales a una velocidad que supera toda experiencia anterior de comunicación.

 

Queda por estudiar los mecanismos de intervención que existen en las formas de distribución de los contenidos tóxicos, es decir, las distintas maneras en que las empresas dueñas de las redes pueden alterar los algoritmos para privilegiar la circulación de ciertos contenidos con los que coinciden o responden a sus intereses. Pues no debemos ser inocentes frente a las corporaciones que hoy controlan la comunicación, que como vimos más arriba son las que han tomado el control ante la retirada del estado.



[1] La mecánica común de las causas de corrupción en argentina se repite con una recurrencia asombrosa. Siempre se trata del conveniente descubrimiento de un “botín”, siempre es dinero que se encuentra en poder de un funcionario, que no puede justificar su origen. Nunca las autoridades pueden demostrar con precisión el delito cometido, ni la manera en que se distrajo el dinero de las arcas del estado o el mecanismo con el cual se sustrajeron los fondos, ni los intermediarios. Ni mucho menos beneficiarios privados del acto de corrupción. En el mejor de los casos, hay un relato casi de folletín donde un “arrepentido” cuenta como llevaba los “bolsos del dinero” desde la casa de gobierno hasta algún oscuro sótano. El sistema legal tiene para la figura del enriquecimiento ilícito, lo que se denomina “la inversión de la carga de la prueba” que es contrario a la tradición derecho y controversial en los pocos países donde se aplica (principalmente países subdesarrollados de América Latina y Africa) ya que contradice la presunción de inocencia que es el origen del derecho. El “todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario” no corre para los políticos, quienes deben demostrar que son inocentes cuando son acusados. Los políticos argentinos (y los de los países pobres de américa y áfrica) nacen con una presunción de corrupción, solo falta la operación mediática que decida cual ira preso.